viernes, 23 de septiembre de 2016

Macri se reunió hoy con uno de los principales impulsores de la destitución de Dilma



“MAYOR FLEXIBILIDAD E INTEGRACION” PARA EL MERCOSUR

Macri se reunió con Henrique Cardoso

Página/12


El Jefe de Estado recibió en la Quinta de Olivos al exmandatario de Brasil y mantuvo una reunión de la cual no se dieron detalles. El escueto comunicado de Presidencia de la Nación, acompañado de una foto de ambos, en la que también aparecen el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo.
Henrique Cardoso, en declaraciones publicadas ayer en medios brasileños, planteó que el Mercosur debe tener “mayor flexibilidad e integración” entre sus integrantes, y en este caso se abordó la situación política del vecino país tras la destitución de Dilma Rousseff, que colocó en el poder a Michel Temer.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Invitación al taller: "AMERICA LATINA MEJOR SIN TRATADOS DE LIBRE COMERCIO" (jueves 29/9, 14 a 17 hs)

No hay texto alternativo automático disponible.Invitamos al taller:

AMERICA LATINA MEJOR SIN TRATADOS DE LIBRE COMERCIO, donde se llamará a conformar una
PLATAFORMA DE INVESTIGADORES CONTRA EL LIBRE COMERCIO Y POR LAS ALTERNATIVAS.

Esto será en el marco de las III° Jornadas del IEALC, JUEVES 29 de septiembre, de 14 a 17 horas en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Santiago del Estero 1029, aula HU207.

Los/es esperamos!

Macri tuvo que adminitr que NUNCA habló con la primera ministra británica sobre la soberanía de las Malvinas. Duras críticas de la oposición

Macri admitió que no había hablado de soberanía con la premier británica

 Macri admitió que no había hablado de soberanía con la premier británica. 

La oposición cuestionó el traspié diplomático de Mauricio Macri en la ONU por la cuestión Malvinas

La Nación
Legisladores del arco no oficialista y ex funcionarios kirchnerista criticaron las idas y vueltas del Presidente; piden que haya una política de Estado y una estrategia para reclamar a Gran Bretaña por la soberanía.

Dirigentes de la oposición y ex funcionarios kirchneristas cuestionaron el traspié diplomático que tuvo Mauricio Macri durante su paso por las Naciones Unidas (ONU) respecto de la cuestión Malvinas. Además, coincidieron en que el Gobierno debería haber consultado al Congreso antes de avanzar con la "declaración conjunta" con Gran Bretaña, y pidieron que haya una política estratégica y consensuada para reclamar por la soberanía del archipiélago.
Ayer, el Presidente reconoció que no había hablado de "soberanía" en su encuentro informal con la premier británica Theresa May. La aclaración se produjo luego de que Londres desmintiera que May haya aceptado tratar el tema en su diálogo con Macri.
"Más allá de su mirada política, Macri no puede olvidar que hoy tiene que delinear el rumbo de un país que tiene una historia errática y con falta de política estratégica con respecto a la situación de Malvinas. Ningún gobierno desde la recuperación de la democracia ha tenido una mirada estratégica de cómo íbamos a recuperar no solo la soberanía sobre las Malvinas, sino el poder de ejercicio de policía sobre nuestro espacio marítimo", afirmó la diputada nacional por Libres del Sur, Victoria Donda , en diálogo con LA NACION.
Al ser consultada sobre si atribuía el error de Macri a las críticas de la oposición y aliados por la "declaración conjunta" con Gran Bretaña, Donda afirmó: "No solo hubo una fuerte presión de la oposición, sino evidentemente de la sociedad. Macri es un hombre que brinda respuestas mirando las encuestas. Pero también hay un profundo desconocimiento de lo que es el cuerpo diplomático de Gran Bretaña, que lleva siglos funcionando"
De Mendiguren, durante la reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores
De Mendiguren, durante la reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores.
Desde el massismo indicaron que preocupa "la improvisación" que mostró el Gobierno en un tema tan sensible y pidieron evitar las "políticas pendulares". "Lo que nos preocupó es cómo se manejó el tema, que es una política de Estado. Hay que evitar estas marchas y contramarchas porque traen una desorientación en muchos sectores en la Argentina y de la región que han mostrado solidaridad con el país ante el reclamo por Malvinas", consideró el diputado nacional José Ignacio De Mendiguren (Frente Renovador). "Si el error estuvo, es bueno corregirlo, pero creo que no hay que hacer prueba y error como hizo el Gobierno en otros temas con algo tan importante como Malvinas", advirtió a este medio.
De Mendiguren, que integra la Comisión de Relaciones Exteriores, celebró que el Congreso haya decidido convocar al vicecanciller, Carlos Foradori, para que brinde explicaciones sobre la declaración conjunta firmada por la Argentina y Gran Bretaña, que excluyó el reclamo por la soberanía del archipiélago. "Pudimos dejar en claro que las negociaciones internacionales es un tema que corresponde al Congreso", indicó. "Ahora hay que transformar la política exterior en política de Estado y darle la seriedad y continuidad que merece un tema tan importante", añadió.
Por su parte, Néstor Pitrola (Frente de Izquierda) criticó con dureza la "declaración conjunta" firmada por ambas cancillerías y el discurso de Macri ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). "El comunicado se hizo integralmente en los términos del Reino Unido. Hay que repudiar el curso político que se ha dado. El Presidente no reivindicó la soberanía ni denunció la ocupación de nuestras islas por una potencia imperial", señaló el diputado a LA NACION.
Según el legislador, "hay una operación para entregar los recursos petroleros y pesqueros" de las Malvinas a Gran Bretaña.
El kirchnerismo también salió a cuestionar el paso en falso del jefe del Estado, desmentido por Malcorra y por el Gobierno británico. "Macri tuvo un breve intercambio con Theresa May y ha salido a decir que eso es conversar sobre soberanía. Es un papelón", afirmó el legislador por el FPV en el Parlasur, Jorge Taiana. Según el ex canciller, Malcorra intentó "ocultar" que el Presidente había "metido la pata". "Fue una especie de comedia de enredos", lamentó.
Daniel Filmus, que también representa al kirchnerismo en el Parlamento del Mercosur, consideró que Macri mostró una "enorme ignorancia sobre diplomacia internacional" al haber insinuado que la primera ministra británica estaba "dispuesta" a dialogar sobre la soberanía de Malvinas.
El ex secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas sostuvo que Macri "intentó tapar con estas falsas declaraciones el bochornoso comunicado sobre los acuerdos que se habían alcanzado con el vicecanciller británico, Alan Duncan", en materia de vuelos directos y explotación económica en la plataforma continental.

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 SIGUE EL PAPELON PRESIDENCIAL POR MALVINAS

Macri admitió que "nunca se mencionó la palabra soberanía”

Página/12

Anoche en declaraciones a la prensa en Nueva York, el presidente Mauricio Macri debió admitir que la palabra "soberanía" no fue mencionada en su breve diálogo con la primera ministra británica Theresa May.
La aclaración se dio luego del ida y vuelta entre Macri y la canciller Susana Malcorra sobre el real alcance de lo acordado por el jefe de Estado en la breve conversación que mantuvo con May durante el almuerzo del martes en las Naciones Unidas. Macri insistió ayer temprano que él le había dicho a May que había que iniciar “un diálogo abierto” entre ambos países, lo que a su entender incluía la soberanía de las islas Malvinas.
“No creo que la primera ministra en ese contexto haya dicho ‘sí, suscribo, agendemos esto’, y que la soberanía sea el primer tema, porque no es pensable que así sea”, lo desmintió luego Malcorra. Por si quedaban dudas, voceros del Foreign Office descartaron que Macri y May hayan llegado a un acuerdo de ese tipo. “Nunca se habló de soberanía”, aseguraron.
"La primera ministra se me acercó a saludar en el almuerzo y yo le dije: 'Estoy dispuesto a dialogar sobre todos los temas, a tener un diálogo amplio', pero no fue una reunión oficial", precisó anoche Macri tras el escándalo diplomático y añadió: "Ella me respondió: 'Dialogar siempre es bueno', pero nunca se mencionó la palabra soberanía".

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 OPINION

Malvinas no se negocia

Por Edgardo Esteban *

Página/12

En la entrada del único colegio secundario que tienen los habitantes de Puerto Argentino hay un mapa de Sudamérica donde el territorio continental argentino no está, sólo se ve una prolongación del océano Atlántico y una señalización del “South Sea” (Mar del Sur). Su antipatía hacia los argentinos siempre fue visceral y aunque nos quisieron ignorar, siempre buscaron la forma de sacar ventajas de su situación de aislamiento. Por eso sorprende la celebración en el gobierno de la noticia del acuerdo de entendimiento entre la canciller Susana Malcorra y el Vicecanciller británico, Alan Duncan, que les permite seguir usurpando recursos como la pesca o los hidrocarburos, tener una libre navegación de sus barcos o reanudar vuelos a otros países de Sudamérica, todo a cambio de nada. El gobierno de Mauricio Macri les está cediendo demasiado privilegios. Como para que no lo vieran con satisfacción –y hasta lo celebraran– los isleños. El papelón del anuncio de la posibilidad de un diálogo sobre la Soberanía de Malvinas, después de la declaración conjunta, dejaba explícito un reconocimiento de que no se hablaría de soberanía, de alguna forma aceptando la posición británica. El anuncio que realizó Mauricio Macri en Naciones Unidas sobre esa posibilidad de hablar de soberanía generó aún más desconcierto. Hasta ahora ni el gobierno, ni los medios británicos abordaron el tema, silencio de radio a un tema que no es menor.
Bajo la pretensión de buscar socios para el crecimiento económico del país, el gobierno de Mauricio Macri refleja de alguna manera su intención de afianzar las relaciones con el Reino Unido, ignorando la Constitución y las medidas legislativas y judiciales que han tomado los representantes del pueblo argentino para proteger sus recursos naturales, frente a la explotación ilegal de la pesca e hidrocarburos que hace el Reino Unido y quienes se benefician con las regalías cedidas por los kelpers. Cualquier acuerdo que firme el presidente Mauricio Macri viola la Ley de Hidrocarburos que prohíbe la explotación de petróleo en la plataforma continental argentina y establece las sanciones pertinentes.
A lo largo de 183 años historia, las estrategias imperialistas de Gran Bretaña intentaron hacer usufructo de nuestros recursos naturales. En este caso, utilizan una supuesta alianza comercial para lograr nuevas ventajas que no son casuales. La separación económica del Reino respecto de la Unión Europea, introdujo la necesidad de la Corona británica de buscar nuevos aliados. Así los mares del sur se vuelven una zona de estratégico interés por su petróleo. En tanto, con el argumento de la inversión extranjera y de la apertura al mundo, el gobierno de Mauricio Macri pretende entregar nuestra soberanía y poner en segundo plano nuestros reclamos históricos.
El gobierno británico no sólo ha sido indiferente a la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, que año tras año llama al Reino Unido a dialogar con nuestro país, sino que además incumple con la obligación de dar una solución pacífica a la controversia de soberanía.
Como una cuestión de Estado, hay que recordarle a las autoridades que está vigente la Declaración de Ushuaia, aprobada por unanimidad por todas las fuerzas políticas que integran el Congreso de la Nación, la cual reivindica la soberanía de las Islas Malvinas, denuncia la militarización del Atlántico Sur y establece que los recursos naturales son patrimonio de la República Argentina.
No se puede ignorar en la agenda, la situación de Mount Place, que es el mayor destacamento militar que hay en el hemisferio Sur. Con la excusa de vigilar a la Argentina por un supuesto ataque, la base mantiene el control militar de todo el mar austral y de los pasos bioceánicos, y pone su mirada territorial en el sector antártico.
¿Qué beneficio obtiene la Argentina con la firma de este posible acuerdo? ¿Abre el camino a la integración con los habitantes de las islas, o sólo les da beneficios a los Kelpers como en los años noventa? La causa Malvinas en Argentina tiene un consenso generalizado y parecía que sobre este tema no había discusión. Nuestros reclamos soberanos aparentaban ser una cuestión de unidad del pueblo argentino, en la cual todos teníamos la misma camiseta celeste y blanca.
La defensa de nuestra soberanía en Malvinas no sólo es una causa argentina, sino que se ha convertido en un principio político de toda América Latina, en la defensa de su territorio y de los derechos de la Patria Grande. Se trabajó a lo largo de los últimos años en el Mercosur, la Unasur y la Celac para que la región tomara como propio este reclamo. Además, la región acompañó y respaldó incondicionalmente a la Argentina en esta lucha en los foros internacionales rechazando la existencia de un territorio colonial en el sur de nuestro continente.
Como lo establece la Constitución, el actual gobierno argentino debe cumplir con el ejercicio pleno de la soberanía como un objetivo irrenunciable de todo el pueblo argentino. La defensa de la causa Malvinas no es potestad de un partido político o de un gobierno, sino que es una cuestión de Estado, un reclamo de la sociedad argentina en su conjunto, y que en estas instancias se ha vuelto parte de nuestra identidad como nación. Por todo esto, Malvinas no se negocia.

* Corresponsal Telesur, Argentina. eesteban@telesurtv.net
 

Mesa especial Jornadas IEALC: "La geopolítica como cuestión de coyuntura" (miércoles 28/9, 11hs, FSOC-UBA)





PANELES TEMÁTICOS Y ACTIVIDADES ESPECIALES

Miércoles 28 de septiembre de 2016
Mesa especial · Aula HU 304 · 11 a 13hs 
Santiago del Estero 1029 (CABA)

La geopolítica como cuestión de coyuntura

Panelistas 

Amilcar Salas Oroño · IEALC, UBA
Leandro Morgenfeld · CONICET, UBA
Juan Manuel Karg · IIGG, UBA
Luis Wainer · UNDAV, Centro Cultural de la Cooperación
Paula Klachko · UNDAV, UNPAZ
Martín Burgos · UBA, Centro Cultural de la Cooperación

Coordina · Maximiliano Ialli · UNDAV, Museo Malvinas




miércoles, 21 de septiembre de 2016

"América Latina no es Caperucita Roja"

América Latina no es Caperucita Roja

 

América Latina no es Caperucita Roja

Nueva Sociedad
Septiembre 2016


Analizar la suerte de los procesos de integración regional a partir de las prioridades estadounidenses no es ni la única ni la más importante variable a la hora de entender el auge y declive de los procesos políticos en la región.
En los últimos meses, la Organización de Estados Americanos (OEA) parece haber recobrado protagonismo como espacio para tratar los conflictos regionales. Por caso, las intervenciones del Secretario General, Luis Almagro, sobre la situación en Venezuela han obligado a los Estados de la región a activar sus diplomacias para discutir el tema en el seno del organismo. A ello se sumaría el pedido de explicaciones de la institución interamericana al gobierno de Michel Temer sobre el proceso de impeachment a Dilma Rouseff (pedido hecho, además, a instancias del Partido de los Trabajadores).
De este resurgimiento de la OEA pueden sacarse dos deducciones, aparentemente entrelazadas entre sí y que reiteran con frecuencia desde círculos académicos, políticos y periodísticos. En primer lugar, que los procesos de integración surgidos en los últimos años –como la Unasur y la CELAC– no han sido más que una moda pasajera, destinada a languidecer en la abultada cantidad de instituciones regionales que coexisten en América Latina. Atrás quedarían las exitosas intervenciones en la crisis boliviana (2008), en el intento desestabilizador en Ecuador (2010), frente al denominado “golpe blando” que sufrió Fernando Lugo en Paraguay (2012) o los intentos de mediación entre gobierno y oposición en Venezuela.
La segunda de las conclusiones de este recobrado papel de la OEA tiene que ver con un supuesto “retorno” de los Estados Unidos a la región, luego de haber estado demasiado focalizado en otras áreas del planeta. En Medio Oriente luego del 11-S y, más acá en el tiempo, en la zona de Asia-Pacífico producto de su disputa geopolítica con China. Asimismo, desde esta esta lógica, “el giro hacia el pacífico” que se está produciendo con la Alianza del Pacífico y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en inglés) también sería el resultado de un renovado interés de Washington por la región.
Lo que está implícito en este razonamiento es que, a fin de cuentas, lo que determina las posibilidades de avanzar hacia proyectos de integración más autónomos en América Latina depende en última instancia de la importancia que la potencia del norte le otorgue a la región.
Una idea que, vale la aclaración, tampoco resulta novedosa en el campo de los estudios sobre regionalismo. Trabajos de larga data sostienen que las posibilidades de conformar proyectos regionales en las zonas periféricas del planeta dependen de cómo estén las cosas en los centro de poder mundial1. Bajo este razonamiento, durante la guerra fría los regionalismos estuvieron limitados por la disputa entre dos superpotencias que concebían cada espacio y cada país como un eslabón en su lucha por el poder. Allí no había margen para que se crearan organismos regionales y en caso que se sucedieran, estos solo tenían lugar bajo la tutela de una de las potencias. El nacimiento de la OEA en 1948 constituye un claro ejemplo de ello.
Dicho esto, aquí se sostiene que esta supuesta correlación necesaria de “mientras más mira el lobo, menos posibilidades para la integración latinoamericana” merece ser puesta en cuestión. En primer lugar, porque –en línea con lo que sostiene Juan Tokatlian en su idea de la “doctrina Troilo”2- el hecho de que las principales figuras del gobierno norteamericano establezcan como prioritarias determinadas zonas, países, conflictos y agendas internacionales no significa que el Estado como tal se “olvide” de las otras. Menos aun cuando se trata de la primera potencia militar y económica del planeta. Si hay un país que tiene intereses en todo el orbe, ese es Estados Unidos. Por ello es que tal vez no sea el Presidente o el Secretario de Estado quien se despierte a la mañana pensando qué hacer con América Latina, pero sí existen otras agencias estatales -menos políticas, pero no por eso menos poderosas- ligadas al ámbito militar, de inteligencia o de los lobbys económicos que procuran defender lo que consideran los intereses norteamericanos más allá de sus fronteras.
En segundo lugar, este argumento resulta insuficiente porque existen significativos ejemplos que dan cuenta de avances realizados a contrapelo de los designios de Washington. Por caso, Argentina y Brasil iniciaron en la década de 1980 un proceso inédito de cooperación que terminaría desembocando en la creación del Mercosur. El contexto de aquellos años distaba mucho de ser irrelevante para los Estados Unidos. En primer lugar, la guerra fría seguía vigente y no estaba tan claro que quedaban pocos años para su final. Asimismo, Argentina no era el alumno más aplicado de la región como para generar el relajo norteamericano: reclamaba por el yugo que representaban las deudas externas para el desarrollo de los países, denunciaba golpes financieros y sostenía un programa misilístico con capacidades ofensivas como el Cóndor II.
Más acá en el tiempo, la Unasur tampoco nacería en un escenario de pasividad norteamericana. En efecto, en el mismo año que se creaba el organismo sudamericano Estados Unidos reactivaba la Cuarta Flota en los mares de la región y mucho tendría que ver con la incursión militar en terreno ecuatoriano que terminó con la vida del jerarca de las FARC, Raúl Reyes. Ni hablar de que, uno año después, suscribiría con Colombia un acuerdo para instalar nueve bases en su territorio o que, entre 2003 y 2009, rubricaría tratados de libre comercio con Chile, Perú, Colombia y Panamá e intentaría, sin suerte, concretar uno con Uruguay. ¿Realmente se puede decir que Washington estaba distraído en otra cosa?
No se pretende, tampoco, negar la influencia de Estados Unidos en el avance que están teniendo en la región las iniciativas para volver a formar simples zonas de libre comercio; en las presiones para introducirse sin demasiados reparos en un sistema de internacional de comercio altamente desigual (vía, por ejemplo, el Tratado de Cooperación Transpacífica); o sobre el retroceso que experimenta la izquierda en América Latina3. Pero establecer el destino político de un país, un grupo de países o, mismo, de una región solo a partir de la voluntad del “otro” encierra una trampa identitaria, casi ontológica. En palabras del politólogo indio Manoranjan Mohanty, “autopercibirse como colonizado termina por reproducir el complejo de inferioridad de los colonizados”4. ¿Existe un escenario estructural de asimetría con una potencia hegemónica con la que debemos cohabitar? Sin dudas. Aun así, las potencialidades de desarrollar –o no- procesos autónomos radican en gran medida en cómo se desenvuelvan las dinámicas propias de la región y de la creatividad autóctona para pensar modelos alternativos de integración.
En este sentido, si, efectivamente, la OEA ha vuelto a gravitar como espacio de gobernanza regional, eso tiene más que ver con los enfrentamientos políticos entre los países de América del Sur que terminan por deslegitimar las instancias subregionales que con un resurgimiento del panamericanismo. De hecho, desde hace varios años que las autoridades de la OEA vienen reclamando por la crisis presupuestaria que aqueja al organismo continental y en este último año la situación incluso se ha agravado5. Lejos de haberse revitalizado, el esquema interamericano hace tiempo que experimenta un prolongado letargo de esporádicos signos vitales.
¿Cómo abordar, entonces, los ciclos de auge y declive de la integración latinoamericana de manera tal de poder trazar caminos superadores? En primer lugar, un ejercicio que parece útil es el de abandonar –o, cuanto menos, relativizar- la dicotomías aparentemente excluyentes a las que suele recurrir con facilidad para edificar antagonismos y etapas refundadoras. Aspirar a que América Latina se constituya alrededor de un único modelo de desarrollo, de una sola cultura política o de una particular estrategia de inserción internacional no solo resulta quimérico, sino que va a contramano de la histórica heterogeneidad que caracteriza a la región. Por caso, procesos como la Unasur, la CELAC o el Mercosur mismo nacieron y se desenvolvieron por sobre una cantidad significativa de diferencias subyacentes a los países de la región: Pro yanquis y antiimperialistas; Pacíficos y Atlánticos; aperturistas y proteccionistas; neoliberales y neodesarrollistas todos estaban en el mismo barco. El problema surge cuando esas diferencias no se pueden contener. La región cae con facilidad en un ciclo de disgregación que, al poco tiempo, paraliza las instancias colectivas.
Relativizar las dicotomías contribuye, además, a sortear la trampa ontológica de determinarse a partir de un(os) otro(s) extrarregional(es). Apostar, como impulsan algunos, a “flexibilizar” los esquemas d e integración y abrirse sin prejuicios ni reparos a los mercados globales se presenta hoy como la contracara exitosa de los esquemas ideologizados, conflictivos e ineficaces que nos aislaron del mundo. No obstante, conformar una mera plataforma de vinculación con el afuera para hacer negocios –tal como representa hoy en día la Alianza del Pacífico- no hace más que reproducir esa autopercepción colonizada por la que nos pensamos, definimos y accionamos en función de los actores hegemónicos.
De la misma forma, creer, como piensan otros, que la solución para superar los altibajos de la integración radica en establecer instituciones más sólidas (léase, supranacionales) que neutralicen las voluntades coyunturales de los gobernantes de turno termina siendo una extrapolación de modelos foráneos de dudosa efectividad. La crisis (¿terminal?) por la que atraviesa actualmente la Unión Europea es un claro ejemplo de ello.
Estrechamente vinculada con esta sobrevaloración de la experiencia europea, la tan denostada proliferación de organismos que caracteriza al regionalismo latinoamericano, más que concebirse como un indicador de una supuesta “anomalía caótica”, debe ser entendida y aprovechada como un amplio menú de funcionalidades alternativas que permiten a nuestros países construir bienes comunes regionales de manera escalonada6.
En definitiva, lo que argumenta aquí es que “la variable Estados Unidos” no es la única ni la más importante a la hora de explicar y comprender por qué emergen, se estancan o declinan los procesos políticos y de integración pensados desde y para la región. Partir de este razonamiento conlleva el riesgo de menoscabar la propia capacidad transformadora y terminar actuando de manera meramente reactiva frente a los vaivenes de la potencia del norte. En otras palabras, lo que se trata de dejar en claro es que se puede jugar en el bosque, esté o no esté el lobo.

1. Al respecto, véase: Väyrynen, Raimo. Regionalism: old and new. International Studies Review, 2003, vol. 5, Nº 1, p. 25-51. 
2.Tokatlian, Juan Gabriel. “Bye bye Monroe, hello Troilo”. El País, 29 de noviembre de 2013. Disponible en: http://elpais.com/elpais/2013/11/27/opinion/138557... 
3.Al respecto, véase: Leiras, Marcelo; Malamud, Andrés y Stefanoni, Pablo. ¿Por qué retrocede la izquierda? Capital Intelectual/Le Monde diplomatique, 2016. 
4.Mohanty, Manoranjan. Contemporary Indian Political Theory. New Delhi: Saṁskṛiti, 2000.  
5. “La OEA sufre crisis presupuestaria”. La Jornada, 1 de noviembre de 2011. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2011/11/01/mundo/031n3m... 
6. Comini, Nicolás y Bontempo, Tomás. La integración latinoamericana en tiempos del ‘Brexit’. Foreign Affairs Latinoamérica, 15 de agosto de 2016. Disponible en: http://revistafal.com/la-integracion-latinoamerica...

Papelón internacional: Gran Bretaña desmiente a Macri y dice que la Primera Ministra nunca habló con él sobre soberanía de las Malvinas

Siguen las dudas sobre el encuentro entre Mauricio Macri y Theresa May en Nueva York

 

Malvinas: Londres desmiente a Macri y asegura que May no habló con él de soberanía

El gobierno británico negó que Theresa May y el Presidente hayan dialogado del reclamo argentino sobre las islas; sin embargo, hay optimismo para retomar las relaciones bilaterales
LA NACION
 
El gobierno británico negó rotundamente que la primer ministra Theresa May haya dialogado con el presidente Mauricio Macri sobre la soberanía de las islas Malvinas en la breve reunión informal que mantuvieron ayer en Nueva York en el marco de la Asamblea general de la ONU.
"Nunca se habló del tema de la soberanía de las islas Malvinas en la breve reunión informal que May y Macri mantuvieron en Nueva York por lo que no pudo haber existido una expresión de gran Bretaña en ese sentido", dijo a LA NACION una fuente diplomática del Foreign Office.
Las misma fuente destacó que no hubo posibilidad de armar una reunión bilateral entre Macri y May, pero destacaron que durante el cruce informal de tres minutos que ambos mandatarios tuvieron jamás se abordó el tema de la soberanía de Malvinas. Tampoco está previsto por ahora un encuentro entre Macri y May, informaron.
De esta manera, Londres desmintió al propio Macri que había destacado que May estaba dispuesta a hablar y discutir de una vez el conflictivo tema de la soberanía de las islas Malvinas.
Desde el Foreign Office remarcaron, no obstante, la buena predisposición que hay ahora en la Argentina para retomar las relaciones bilaterales amplias y más allá del caso de las islas Malvinas. Además, destacaron el acuerdo sellado entre la canciller Susana Malcorra y el vicecanciller británico de Asuntos Exteriores, Alan Duncan. Dicho acuerdo, según las fuentes británicas, tuvo siempre el consentimiento de los isleños que habitan Malvinas.

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MACRI ASEGURO QUE LA PRIMERA MINISTRA BRITANICA HABIA ACEPTADO DIALOGAR DE SOBERANIA PERO MALCORRA LUEGO LO RELATIVIZO

El juego del Gran Bonete con las Malvinas

El entredicho relegó su discurso. Macri contó que había acordado un diálogo por la soberanía. “No es un acuerdo”, dijo Malcorra.

Por Nicolás Lantos (desde Nueva York)
Página/12
 
El primer discurso del presidente Mauricio Macri ante la Asamblea General en las Naciones Unidas quedó relegado a un segundo plano luego de las idas y vueltas generadas en torno al supuesto inicio de un diálogo formal con el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas.
Según aseguró Macri, la flamante primera ministra británica, Theresa May, se acercó a saludarlo durante el habitual almuerzo de jefes de Estado que tuvo lugar al mediodía en la ONU. “Le dije que estoy listo para comenzar un diálogo abierto que incluya, por supuesto, el tema de la soberanía sobre las islas. Me dijo que habría que comenzar a conversar”, reveló Macri a la salida de la sede, en un breve contacto con la prensa. Pero, al cierre de esta edición, el gobierno británico no había realizado ninguna declaración confirmando o desmintiendo la apertura de negociaciones. En cambio, quien salió por la noche fue la canciller Susana Malcorra, en el papel de bombero a bajarle el tono a las afirmaciones presidenciales. “Por supuesto la primera ministra dijo que se encontrarían, pero no es que se habló de una hoja de ruta, o dónde van a ser los próximos pasos, que este tema esté cerrado y arreglado y avanzado”, interpretó, para concluir: “No es un acuerdo para avanzar en el tema de la soberanía”.
“Reitero nuestro llamado al diálogo, como mandan tantas resoluciones de esta organización, para solucionar amigablemente la disputa”, dijo Macri en el breve pasaje que le dedicó al tema durante su primer discurso ante la Asamblea General, llamando a establecer entre Buenos Aires y Londres “una relación bilateral que puede y debe ser mutuamente beneficiosa”. La premier inglesa no aceptó la reunión bilateral que buscaba con entusiasmo la cancillería argentina, aunque sí hubo tiempo para un saludo informal durante el almuerzo de jefes de Estado, sin foto ni declaración conjunta.
De acuerdo a la versión de Macri, durante ese breve diálogo lejos de las cámaras, May dio el visto bueno para iniciar conversaciones con un temario amplio que incluya la soberanía, algo que, de concretarse, marcaría el anuncio más importante en este tema desde la guerra de 1982. Por eso, se esperaba para hoy una confirmación desde Downing Street y más detalles sobre los alcances de este principio de acuerdo, pero Malcorra se apresuró anoche a bajar las expectativas sobre algo que había sido un contacto “informal”. “Puede que no lleguemos a nada, que avancemos en algunos temas y otros no o que nos tomen años. Es una señal de disposición de dialogar”, remarcó.
El antecedente inmediato de este anuncio había sido la controvertida declaración conjunta realizada por Malcorra la semana pasada con el vicecanciller británico Alan Duncan en la que Argentina se comprometía a “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”. Ese primer acuerdo siguió ayer generando rechazos en la oposición, pero también posiciones encontradas en el oficialismo que obligaron a Malcorra de adelantar su disposición a ir a dar explicaciones al Congreso (ver página 9).
Además de su pedido por el Atlántico sur, en su discurso, Macri reclamó “mayor colaboración internacional” para esclarecer los atentados a la embajada de Israel y la sede de la AMIA –aunque sin mencionar a Irán–, y prometió ampliar la ayuda de Argentina a refugiados sirios y de otros países de Medio Oriente. También habló explícitamente acerca de la nominación de Malcorra, quien lo escuchaba desde las sillas correspondientes a la delegación argentina, para suceder al secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki Moon, quien ayer dio apertura a la Asamblea General por última vez.
En campaña
El argentino fue uno de los oradores de la primera mañana de la Asamblea, un prime time por el que pasaron el flamante presidente brasileño Michel Temer, quien aprovechó la apertura de la sesión para justificar el golpe de Estado institucional contra la ex mandataria Dilma Rousseff; el local Barack Obama, que se despidió de la ONU con un encendido alegato de neto electoral sobre la situación en el país; Petro Poroshenko, de Ucrania, un Estado que resume los conflictos entre la OTAN y Rusia; Francois Hollande, de Francia, en el epicentro de la nueva ola de ataques terroristas de la Jihad en Occidente y el propio Ban Ki Moon, antes de encabezar un almuerzo con todos los jefes de Estado.
Los primeros minutos del mensaje de Macri, en la tónica de sus discursos del lunes ante la Iniciativa Global Clinton y la Bolsa de Nueva York, parecieron un discurso de campaña. “En la Argentina nos hemos planteado como horizonte tres grandes objetivos: la primera meta es avanzar hacia pobreza cero”, “el segundo objetivo es derrotar al narcotráfico”, “la tercera meta es unir a los argentinos a través del diálogo, el respeto a la ley y el fortalecimiento de la democracia”. Luego repasó logros de su gestión, sin números: “Normalizamos la macroeconom?a, comenzamos a fortalecer las relaciones con nuestros vecinos, y nos estamos vinculando de forma madura con el resto de los países y los organismos internacionales”.
Fue un texto con el que el Presidente buscó deliberadamente mostrarse diplomático, aunque para eso tuviera que decir cosas que jamás diría ante otras audiencias: “En los últimos años Latinoamérica hizo grandes esfuerzos para reducir la pobreza, gracias a políticas sociales robustas y a las condiciones económicas internacionales muy favorables”, dejó caer, aunque más no fuera como preparativo para gatillar una queja: “Hoy el contexto es diferente pues todos los países hemos visto disminuir nuestro crecimiento y el comercio global muestra un desempeño magro”, señaló.
En un sobrevuelo, habló del desafío del cambio climático y de la crisis de desplazados en Medio Oriente, dos temas fuertes de coyuntura en este 71º ciclo de la Asamblea General. Respecto al tema medioambiental, llamó a ratificar el Acuerdo de París para que entre en vigencia y destacó el trabajo que se está haciendo en el país en materia de energía renovable. Cuando se refirió a “la problemática de los refugiados”, prometió “ampliar la recepción de los refugiados de Siria o de sus países vecinos, privilegiando a grupos familiares con niños”.
Luego, aprovechó una reivindicación de la igualdad de género para hacer un proselitismo por Malcorra en la candidatura para la ONU. “Estamos trabajando para que la mujer tenga las mismas oportunidades que los hombres”, dijo. Y agregó: “En ese sentido, quiero agradecerle el apoyo que ha recibido nuestra canciller para la secretaría general de Naciones Unidas”. Citando, probablemente sin saberlo, un discurso de Cristina Fernández de Kirchner en el mismo auditorio, completó: “En el siglo XXI tener a una mujer al frente de esta organización sería un ejemplo alentador”.
También se refirió al “extremismo radical” que “amenaza inocentes y a poblaciones vulnerables”, e hizo una rápida mención a los ataques “en 1992 y 1994”, dando, al menos en la superficie, continuidad a una política de Estado instalada en la ?ltima década. El pedido de “mayor colaboración internacional para su esclarecimiento y castigo a los culpables” fue mucho más ligero, e incluso polisémico, comparado con los extensos alegatos sobre el tema que hicieron CFK y Néstor Kirchner cuando les tocó hablar en esa cita.
El discurso de Macri concluyó con una cita medio traída de los pelos al Papa Francisco –”Estamos juntos en esta casa común, que tenemos que cuidar y en la que tenemos que convivir en paz”– y un reconocimiento a Ban Ki-moon por su labor al frente de la ONU.
Fueron apenas unos segundos por encima de los 15 minutos, lo que sugiere las Naciones Unidas que deben durar los discursos, pero bastante menos del promedio de lo que suelen hablar los mandatarios en ese estrado. Le alcanzó para dejar una imagen sobria ante un auditorio global y mostrarse como referente centrista en una región en tiempos de cambios. Hoy tendrá su última jornada en esta ciudad, en la que podrá volver a dedicarse a su actividad favorita: buscar inversiones, antes de embarcarse por la tarde en el avión privado que alquiló para regresar a Buenos Aires.

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EL MANDATARIO INSISTIO CON LA "BUENA PREDISPOSICION" BRITANICA Y LA CANCILLER DESCREYO QUE LA SOBERANIA SEA PRIORIDAD EN UNA AGENDA BILATERAL

Macri sigue confundiendo cortesía con soberanía


Página/12
 
La canciller Susana Malcorra volvió a desdecir al presidente Mauricio Macri y calificó de "reacción positiva de cortesía" el diálogo informal entre el mandatario y la premier británica, Theresa May, pero descartó que en ese encuentro Gran Bretaña haya aceptado poner en el primer lugar de la agenda la discusión soberana.
Macri insistió esta mañana con la "buena predisposición" británica para alcanzar un acuerdo por la soberanía, aunque bajó las expectativas y señaló que podría ocurrir "con el tiempo". "En la medida en que no te sentés a dialogar en una mesa las cosas no empiezan a recorrer un curso natural en el cual los argentinos estamos convencidos que, con el tiempo, sí o sí, se va a terminar en lo que ya Naciones Unidas y muchos han avalado, que es la soberanía nuestra sobre las Islas Malvinas", analizó el presidente.
Por su parte, Malcorra, en diálogo con radio Continental, matizó: "Lo que entiendo es que la primer ministra británica tuvo una reacción positiva de cortesía a la noción de hacer una agenda, que es parte de lo que intentamos hacer como hoja de ruta en la declaración conjunta de la semana pasada, pero soy absolutamente franca, no creo que haya dicho: 'Sí, suscribo que agendemos esto y que la soberanía sea el primer tema', porque no es pensable que así sea".
 

"Estudios sobre Estados Unidos". Grupo de Trabajo CLACSO 2016-2019







CLACSO ha seleccionado sus nuevos Grupos de Trabajo para el período 2016-2019
Cerca de 500 propuestas se han presentado a la convocatoria internacional, de las cuales, 110 han sido evaluadas positivamente por un jurado compuesto por más de 130 reconocidos intelectuales de diversos países del mundo. 

GRUPO DE TRABAJO 
"ESTUDIOS SOBRE ESTADOS UNIDOS"
Coordinadores:
Marco A. Gandásegui (Panamá)
Casandra Castorena (México)
Leandro Morgenfeld (Argentina)
Grupo integrado por 22 investigadores de 11 países americanos

Desde hace 12 años, el grupo de trabajo de Estudios sobre EEUU se ocupa de analizar los cambios profundos del mundo contemporáneo y, en particular, el papel central de EEUU en ese proceso. El amplio equipo de académicos de varios países –que se ha ido expandiendo en la última década– aborda la problemática en tres dimensiones. Por un lado, revisando la desaceleración de la economía real y el papel del sector financiero de EEUU en la economía mundial. Por otro, analizando los cambios que está experimentando la estructura social de EEUU (cultura, población, trabajo y otros elementos) como consecuencia del largo proceso de desaceleración y de la crisis iniciada en la década pasada. Por último, estudia las relaciones internacionales de EEUU, especialmente los lazos complejos y cambiantes entre ese país y América latina y el Caribe.
           Desde 2004, el grupo se ha ocupado de estudiar la crisis de hegemonía de Estados Unidos y una evidencia más de esto está reflejado en el segundo libro publicado en 2010 , el cual abordó el concepto de crisis así como el de hegemonía en un sentido amplio. El primero, como momento de cambio e incertidumbre y, el segundo, como capacidad de legitimación de las relaciones de dominación entre clases, grupos sociales o países.
Es menester recordar que el concepto de hegemonía ofrece también un marco de referencia sobre el ejercicio de la dominación de clase, la capacidad para expandirla y las posibilidades de mantenerla. El grupo de trabajo sostiene que “en contraste con el concepto de imperialismo, el cual —al igual que la globalización— es una constante del capitalismo, el concepto de hegemonía permite entender (y plantear hipótesis) sobre el futuro de Estados Unidos en cuanto a su posición en el sistema capitalista mundial”.
De este modo, tanto en las diferentes participaciones de los integrantes en foros y eventos internacionales, como en cada libro publicado, aparecen trabajos que abordan la cambiante situación global y el papel que juega Estados Unidos en ese escenario en constante transformación; no obstante, existen diferentes perspectivas de estudio que da cuenta de la pluralidad teórica y epistemológica del mismo grupo, ya que algunos integrantes debaten sobre las causas de la aparente pérdida de hegemonía de Estados Unidos debido a la disminución de la tasa de ganancia de la economía norteamericana en los últimos años; otros destacan que, a pesar de ello, la economía está robusta. Prueba de ello es su presencia en los diferentes escenarios mundiales.
El cuarto libro de grupo, titulado Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacional (mayo 2016), analiza además la emergencia china como otro factor que ha asumido un papel central en los aportes del grupo de trabajo. Pekín se ha convertido en un exportador de manufacturas, capitales y cultura en todos los continentes. Su relación privilegiada con Rusia y los BRICS constituyen un reto al proyecto de dominación global de Estados Unidos. “La Ruta de la Seda”, el Banco de Inversiones e Infraestructura Asiática (BIIA) y el proyecto de eje Euroasiático se proyectan hacia un futuro que choca con Estados Unidos. Ante dicho escenario, el grupo ha observado y discutido la reacción de Washington –a través de la Casa Blanca, sus bancos y empresas transnacionales– ha repostado con sus tratados comerciales y pactos militares tanto en Europa como en el Lejano Oriente.
No obstante, el grupo reconoce que EEUU es una entidad política con un sistema y estructura políticas complejos y, por ende, es fundamental estudiar no sólo los diferentes actores y mecanismos de checks & balances que operan al interior; sino identificar y explicar cómo esta dinámica impacta en la formulación de su política exterior hacia otras regiones del mundo. La forma en que sus elites y clases sociales se organizan, generan un rotación de las primeras e impulsan movimientos sociales en las segundas; es decir, que existe una redefinición constante de la correlación de fuerzas.
Por otro lado, es menester recordar que las políticas de externalización en EEUU han acelerado la desindustrialización y dicho proceso está relacionado con la crisis metropolitana de las fuerzas productivas basadas en el conocimiento ya anunciado a partir de la década de 1970. Si bien es cierto que el movimiento obrero organizado se ha debilitado, han aparecido fuertes movimientos sociales que expresan las reivindicaciones de los sectores étnicos marginados, el movimiento feminista y una amplia gama de grupos que protestan en torno a una variedad de problemas.
En el ámbito gubernamental, el grupo ha observado y discutido cómo los gobiernos han impuesto severas medidas de austeridad que han alterado drásticamente la distribución de las riquezas que se producen en sus respectivos países según recomendaciones establecidas por entidades financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM) y que, al final, son perjudiciales para su economía debido a la misma dinámica de la economía capitalista a escala global.
En los discursos y debates de la campaña presidencial de 2016 han predominado las referencias al futuro de EEUU como potencia hegemónica. Los candidatos siguen enunciando como principal amenaza el “terrorismo internacional”, el “continuo flujo migratorio”; no obstante, una interpretación al respecto es su preocupación por la pérdida de hegemonía que siente su clase gobernante sobre el futuro de la potencia. Sólo un candidato menciona la necesidad de recuperar el poderío productivo (industrial) del país y de su clase trabajadora. Los otros insisten en fortalecer la capacidad militar de Estados Unidos para conservar su dominación a escala global.
Por último, debido a la continuidad del ascenso de EEUU como potencia mundial hegemónica –proceso que se realizó desde la primera mitad del siglo XIX a través de la explotación de riquezas naturales y humanas y que continuó en el siglo XX con la expansión del capital estadounidense a nivel mundial– el grupo de trabajo seguirá estudiando dicha relación y sus cambios correspondientes al siglo XXI.
De manera particular, el grupo estudiará y reflexionará sobre las relaciones entre EEUU y América Latina que históricamente han sido conflictivas, incluso antes de los movimientos emancipadores de ambos a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Los mismos próceres norteamericanos entendieron que las repúblicas que nacieron como consecuencia del colapso del imperio español constituían un premio estratégico para su expansión y ulterior consolidación como potencia mundial (el “destino manifiesto”). Los enormes territorios, recursos naturales y mano de obra barata le resultaban muy rentables. Para lograr estos objetivos necesitaba anexar los territorios o someter a sus oligarquías. Ambas alternativas exigían medios militares y, al mismo tiempo, nuevas estructuras políticas.
El neocolonialismo o las formas de dependencia que caracterizaron las nuevas relaciones entre ambos extremos del hemisferio fueron acompañados por una ofensiva ideológica que se tradujo en la elaboración de un fino tejido hegemónico que subordinó el sur al norte. En la actualidad, la evolución de esta historia arroja una relación económica que subordina a Nuestra América a EEUU. También consolida la presencia militar de Estados Unidos en casi todos los países de la región latinoamericana. No obstante, el giro hacia la izquierda, que fue la característica de los gobiernos en los tres primeros lustros del siglo XXI, pareciera estar revirtiéndose en la actualidad.
Esta nueva propuesta de trabajo, como las anteriores, se estructura en tres secciones, teniendo como centro la crisis de hegemonía EEUU, la estructura y condiciones internas del país, y las nuevas relaciones entre EEUU y América Latina. Por lo anterior, para los próximos tres años, el grupo seguirá analizando esas tres dimensiones, en un momento donde se agudizan las tensiones y disputas internacionales, para mantener o socavar la hegemonía estadounidense, a la vez que se discuten nuevos mega acuerdos de libre comercio (TPP,TTIP, TISA) y EEUU pretende reposicionarse en América Latina y el Caribe, luego de una década de relativo desafío a su hegemonía. Hoy, más que nunca, es fundamental reflexionar sobre el rol de EEUU a escala global, sobre sus transformaciones internas y sobre el vínculo con el resto del continente americano.   


 Descargá acá el pdf completo de nuestro último libro:  
(CLACSO, 2016)