viernes, 12 de febrero de 2016

Acercamiento Obama-Macri: se viene el encuentro en marzo?

Se advierte una visión optimista de las relaciones bilaterales entre el país y EE.UU.EE.UU. envía señales de distensión a Macri

Un enviado de Obama transmitió al Gobierno la idea de mejorar el vínculo.
LA NACION
 
Hubo clima de buena sintonía y una visión optimista de las relaciones bilaterales entre la Argentina y Estados Unidos con vistas al futuro inmediato. En este contexto, se dieron ayer las primeras reuniones que mantuvo el secretario de Asuntos Económicos y Comerciales del Departamento de Estado, Charles Rivkin, con economistas y con funcionarios del Gobierno.
El enviado de Barack Obama se interiorizó de todos los cambios en materia comercial y económica que encaró el presidente Mauricio Macri y reforzó la intención de Washington de profundizar los lazos comerciales.
Rivkin se reunió con un grupo de economistas; con el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich; con el embajador argentino en estados Unidos, Martín Lousteau, y con el secretario de Comercio, Miguel Braun, entre otros.
Según pudo saber LA NACION, en todos los encuentros el funcionario de Obama se mostró muy predispuesto a reencauzar las relaciones con la Argentina, luego de varios años en que el kirchnerismo mantuvo distancia de Washington.
Dietrich comentó brevemente en su Twitter que con Rivkin habló de proyectos de infraestructura para el transporte y de cambio climático.
El embajador Lousteau también se mostró optimista tras la reunión con Rivkin, y más tarde, durante un almuerzo que compartió con referentes del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), que preside Adalberto Rodríguez Giavarini, expresó en varias oportunidades que "se abre una ventana de oportunidad para la Argentina" en su nuevo vínculo con Washington.
El secretario de Asuntos Económicos y Comerciales, que depende del jefe del Departamento de Estado, John Kerry, también se mostró interesado en conocer el impacto que tendrán las medidas adoptadas por el Gobierno en materia de comercio internacional. Esto incluye no sólo el cambio en materia de declaraciones juradas de importación sino también en la eventual apertura al ingreso de productos extranjeros por parte de la Argentina. Esto es en función al cumplimiento del fallo de la OMC que en diciembre pasado obligó al país a evitar las barreras comerciales que impuso Cristina Kirchner en los ultimos años.
El Gobierno está dispuesto a intensificar el comercio con Estados Unidos y avanzar en nuevos proyectos de cooperación en materia de ciencia, tecnología, industria e infraestructura. La balanza comercial global de ambos países es de unos 15.000 millones de dólares, aunque es deficitaria para la Argentina.
Rivkin se reunirá hoy con la canciller Susana Malcorra y con un grupo de unos 25 empresarios que integran la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina.
La visita de Rivkin se da apenas 10 días después de que llegara a Buenos Aires en visita oficial Kristie Kenney, una de las principales asesoras de Kerry.

jueves, 11 de febrero de 2016

En memoria de Rina Bertaccini, una estudiosa sobre el imperialismo estadounidense

 

Rina Bertaccini, in memorian

Por Por Atilio A. Boron *
Página/12
 
Con su desaparición, América latina pierde a una de las más brillantes estudiosas de la agresión imperialista y la expansión de las bases militares de Estados Unidos en nuestro continente. Ingeniera de origen, socióloga e historiadora de vocación, Rina Bertaccini fue durante toda su vida una destacada militante y dirigente del Partido Comunista Argentino. Fue una de las fundadoras del Mopassol, el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos, que aglutinó a investigadores de toda América latina y el Caribe especializados en el estudio de la penetración militar del imperialismo en la región. Sus investigaciones se caracterizaron por su rigurosidad, en un tema donde muy a menudo el fervor antiimperialista hacía que muchos vieran bases militares estadounidenses allí donde no las había. Rina, en cambio, reunía metódica y pacientemente la evidencia y cuando afirmaba que en tal lugar, en un país dado, se había instalado una base militar los investigadores sabían que su existencia era real y comprobable.
Su preocupación intelectual y política trascendía con creces el tema de las bases, como lo demuestran los innumerables artículos publicados tanto en la Argentina como en el exterior sobre cuestiones tales como las Malvinas y el Atlántico Sur, la expansión global de la OTAN, las misiones de entrenamiento y ejercicios conjuntos de las fuerzas armadas del continente con las de Estados Unidos, el Plan Colombia y la lucha por paz con justicia en ese país y el colonialismo cultural y sus consecuencias militares, entre tantos otros que suscitaron el interés de un intelecto permanentemente abierto y en guardia, presto a descubrir las novedades y eternamente inconforme con el saber establecido.
Con su muerte se nos va una luchadora incansable y un talento analítico y organizativo excepcional. Pero las semillas que sembró ya comenzaron a dar sus frutos y hay toda una nueva generación que ha recogido su herencia.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación.

Aproximación EEUU-Argentina: otro ministro de Obama llega hoy a Buenos Aires

 

Obama envía a un funcionario para mejorar la relación

El secretario de Comercio de EE.UU. tendrá hoy reuniones con el Gobierno y con empresarios; interés por varias medidas.
LA NACION

En una nueva señal del interés de Estados Unidos por la Argentina que conduce Mauricio Macri, el gobierno de Barack Obama enviará hoy a Buenos Aires a Charles Rivkin, secretario adjunto para Asuntos Económicos y Comerciales del Departamento de Estado. Así, será el segundo funcionario norteamericano que llega en menos de 10 días al país para encauzar las relaciones bilaterales, que estuvieron congeladas durante los 12 años del kirchnerismo.
Rivkin se reunirá con funcionarios del Gobierno y con empresarios argentinos y norteamericanos que invierten en la Argentina. Se trata de una visita con un alto contenido económico y comercial: es que el funcionario de Obama quiere interiorizarse a fondo de las nuevas medidas que tomó Macri en el plano del comercio exterior y las propuestas económicas que hay en el Gobierno para restablecer la confianza internacional.
El funcionario de Asuntos Económicos, que llegará hoy y tendrá una agenda abultada hasta mañana, se suma a la visita que hace menos de 10 días hizo al país Kristie Kenney, una de las principales asesoras del jefe del Departamento de Estado, John Kerry.
En el caso de Rivkin, su agenda estará más acotada al plano económico y comercial. De hecho, el funcionario norteamericano se reunirá con el secretario de Comercio, Miguel Braun; con funcionarios del equipo económico de Alfonso Prat-Gay, y con la canciller Susana Malcorra. También Rivkin mantendrá una serie de reuniones con unos 25 empresarios agrupados en la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina.
"Lo esencial de la visita de Rivkin es que quiere conocer el alcance de las medidas económicas en materia comercial que tomó Macri y el impacto en las relaciones comerciales con Estados Unidos que tendrán las nuevas medidas económicas de la Argentina", expresó ayer a LA NACION un funcionario de la Cancillería.
De hecho, Macri aceptó el fallo de la OMC que dispuso la apertura de las importaciones de productos y modificó el rígido sistema de declaraciones juradas de importación que había impuesto Cristina Kirchner en sus dos mandatos.
La intención de Estados Unidos es intensificar el comercio con la Argentina. El promedio de la balanza comercial de ambos países fue de 15.000 millones de dólares en los últimos años y fue deficitaria para la Argentina.
Un empresario relacionado con las inversiones norteamericanas en el país dijo a LA NACION que "existe una nueva situación con el gobierno de Macri y hay un mejor clima, aunque Estados Unidos quiere evaluar a fondo cuáles son las intenciones reales de la Casa Rosada".
En este sentido, el empresariado extranjero evalúa con detenimiento en estos días el impacto de medidas del Gobierno como la reforma de la ley de defensa de la competencia, los aumentos de tarifas en servicios públicos o los nuevos requisitos para el consumo masivo.
Tanto en Washington como en el empresariado norteamericano que invierte aquí ven con optimismo la etapa que comenzó Macri y observan una mayor apertura en comparación a los años de relaciones traumáticas que hubo con el kirchnerismo.
Las visitas de funcionarios norteamericanos a la Argentina forman parte de la nueva agenda que se fijó Macri con Washington. De hecho, la Cancillería organiza un encuentro bilateral entre Macri y Obama para mediados de marzo, cuando el presidente argentino viaje a la cumbre mundial de energía.

Charles Rivkin

Sec. económico de EE.UU.

Está en funciones en el Departamento de Estado desde 2014 y fue embajador de Estados Unidos en Francia y Mónaco, entre otros cargos diplomáticos.
Es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Yale

miércoles, 10 de febrero de 2016

"OEA vs. CELAC: la confrontación ya está en curso"

OEA vs. CELAC: la confrontación ya está en curso

 

OEA vs. CELAC: la confrontación ya está en curso

Por Micaela Ryan y Fernando Vicente Prieto
Notas.org.ar

La disputa está abierta en el ámbito de los organismos políticos, diplomáticos y de integración continentales. Los avances de los partidos de derecha en Argentina y en Venezuela, junto a la consolidación de la Alianza del Pacífico, han renovado la expectativa de Estados Unidos por relegitimar a la Organización de Estados Americanos (OEA).
Este movimiento se inscribe en una contraofensiva más amplia para retomar el liderazgo de la región, erosionado desde hace una década, tras la derrota del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en noviembre de 2005. Durante este período, el ALBA se consolidó como un bloque pequeño pero de alto dinamismo en el tablero regional, bajo el impulso clave de Venezuela. A esta iniciativa le siguió Petrocaribe, que reúne a casi todos los Estados insulares en el mar que EEUU considera su “zona de seguridad”. Y poco más tarde, en alianza con el bloque neodesarrollista que condujo el Mercosur (Brasil, Argentina y Uruguay), el ALBA impulsó primero la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur, concretada en 2008) y luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), reunida por primera vez en 2011.
Durante la II Cumbre de la CELAC, celebrada en La Habana en diciembre de 2014, los países de América Latina y el Caribe declararon a su territorio como “zona de paz”, mientras que reafirmaron el principio de “no intervenir directa o indirectamente” en asuntos internos de otros países y reafirmaron el respeto del “derecho inalienable” de cada Estado a elegir su sistema político, económico y cultural.
Durante este encuentro se dio inicio a los Diálogos de Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP -que actualmente se encuentra en su momento definitorio- y se respaldó el reclamo del gobierno de Cuba por el levantamiento del bloqueo económico impuesto desde hace más de 60 años por Estados Unidos y avalado por la Unión Europea.
La OEA fue creada en 1948, y su sede ha estado, desde entonces, en Washington D.C. La doctrina de la OEA reproduce la Doctrina Monroe, instalada en 1823, y que estableció la línea de la política de Estados Unidos hacia sus vecinos: “América para los americanos”. En ese marco, la OEA decidió en 1962 la expulsión de Cuba por “no respetar la democracia” según la entiende el organismo, pero al mismo tiempo avaló los golpes de Estado e intervenciones extranjeras ocurridos durante la segunda mitad del siglo XX.
CELAC OEALa reconfiguración del tablero durante 2005-2015 marcó una nueva etapa en la larga historia de lucha por la independencia en América Latina y el Caribe, implicando la pérdida de influencia relativa de la OEA, que dejó de ser el ámbito privilegiado donde los países del continente discutían los temas geopolíticos, siempre bajo el control estratégico de Estados Unidos. Al punto que las Cumbres de las Américas -organizadas por la OEA- se convirtieron en un escenario complejo para el Departamento de Estado.
La última Cumbre de las Américas, realizada en Panamá en abril de 2015, mostró las dificultades por parte de los sectores más conservadores para lograr el aislamiento de Venezuela, de Cuba y en general, de los procesos de cambio en el continente. En esa ocasión, el presidente ecuatoriano Rafael Correa puso en palabras la meta final de esta construcción de la unidad desde el sur: “LA CELAC debe ser el foro para las discusiones latinoamericanas y caribeñas”, señaló. “Y la OEA debiera convertirse en el foro para que, como bloques, la CELAC y América del Norte procesen sus diferencias y conflictos”.
El actual secretario general de la OEA es el uruguayo Luis Almagro, otrora canciller del ex presidente José “Pepe” Mujica. Su designación representó la expectativa de un organismo menos penetrado por EEUU. En su discurso oficial, Correa saludó a quien había sido recientemente electo señalando que “tiene ante sí un reto difícil pero insoslayable: transformar radicalmente esa institución”. Sin embargo, sus primeros meses de gestión ofrecen serias dudas respecto a esta orientación.
¿Una nueva etapa?
En el último año, la presión de la derecha sobre el gobierno brasileño, la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias y fundamentalmente, el triunfo de Mauricio Macri como presidente de Argentina, dieron lugar a un nuevo escenario, todavía no definido pero que puede implicar una restauración del viejo equilibrio.
El pasado 27 de enero se llevó adelante en Quito la IV Cumbre de la CELAC. Durante su discurso, Correa, que dejó la presidencia pro témpore en favor del presidente dominicano Danilo Medina, insistió: “Necesitamos un organismo latinoamericano y caribeño capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros. La OEA nos alejó de ese propósito reiteradamente”. Allí, una vez más planteó que es necesario “un nuevo sistema interamericano” en el que la CELAC y América del Norte procesen las coincidencias y conflictos en la OEA como bloques diferentes, pues “las Américas al norte y al sur del Río Bravo son diferentes”.
La voz cantante del cambio regresivo en el tablero la llevó adelante el nuevo gobierno de Argentina. Por un lado, con la ausencia del presidente Mauricio Macri, quien no estuvo en condiciones de salud para reunirse con sus pares del continente, aunque sí para concurrir en los días previos al Foro de Davos. Pero además, la vicepresidenta Gabriela Michetti insistió en privilegiar la intervención de la OEA por sobre la de la CELAC, por ejemplo, en torno al debate por la crisis en Haití.
Apenas postales de una confrontación que se profundizará en los próximos meses, donde el gobierno de Macri será una ficha clave en el intento de vaciamiento de Unasur y CELAC y la reorientación hacia la OEA.
Este debate por cuál será el ámbito de discusión de los países de América Latina, refleja una larga disputa que ha marcado a sangre y fuego la historia del continente: ¿Qué y quién es América? ¿El norte y el sur reúnen características similares para negociar en condiciones de igualdad? ¿Cuál es el efecto de una política norteamericana que tiene como saldo más de un centenar de intervenciones militares, económicas y políticas en América Latina? ¿ Qué condiciones existen y cuál podría ser el efecto de una integración como la planteada hace ya dos siglos por Simón Bolívar?
Una disputa material y simbólica que se definirá en el terreno concreto de las relaciones de fuerza. Allí será fundamental entonces lo que suceda con la Revolución Bolivariana, hoy asediada por un bloque de derecha fortalecido. Y serán claves también las luchas sociales protagonizadas por todos los pueblos de la América mestiza. Es decir, aquellas luchas que abrieron el ciclo para un nuevo escenario geopolítico, hoy bajo amenaza de restauración.

Retrato de Bernie Sanders, el "socialista" que puede llegar a la Casa Blanca

 

El socialismo norteamericano de Bernie Sanders

Nota de Ethan Earle para Rosa Luxemburg Stiftung (New York). Original en inglés aquí
(Traducción de Mercedes D’Alessandro y Pablo Polosecki) ECONOMIX


Nací en Carolina del Norte, aunque mis padres son de Vermont. Crecí haciendo largos viajes de verano por la costa este para visitar a nuestra familia en Burlington, la ciudad más grande del estado con tan solo 40.000 habitantes. Fue en uno de esos viajes, en algún momento de los noventas, cuando escuché por primera vez acerca de Bernie Sanders y su versión tan particularmente norteamericana del socialismo democrático.

Vermont es un pequeño y extraño lugar. Es el número 49 de cincuenta estados, tiene solo 626.000 habitantes y la mayoría de ellos vive en pueblitos agrícolas que salpican las Green Mountains en toda su longitud. Los vermonteses se jactan de su autosuficiencia marcada por un perfil tozudamente independiente y ocasionalmente revolucionario. El estado fue fundado por una milicia separatista durante la Guerra Revolucionaria. Sería luego el primer estado en abolir la esclavitud y jugaría un papel crucial en el llamado Underground Railroad (ferrocarril subterráneo), que ayudó a ocultarse a esclavos fugitivos en su terreno sinuoso y los escoltó a través de la frontera norte con Canadá. Durante mi infancia, escuchaba estas historias como pruebas de que los vermonteses son ciudadanos comprometidos que no se toman a bien las injusticias o el doble discurso político.

En 1980, Bernie Sanders (nacido en Brooklyn) entró al escenario político por la izquierda como candidato independiente a alcalde de Burlington, describiéndose a sí mismo como un socialdemócrata. Derrotó por 10 votos al candidato oficialista que se presentaba a una quinta reelección, y luego fue reelegido 3 veces. Durante su período como alcalde, Bernie fue ampliamente reconocido como un izquierdista sin pelos en la lengua, pero también como un administrador eficiente. Fue él quien abrió la primera comisión de la mujer en la ciudad, apoyó el desarrollo de cooperativas de trabajadores e inició uno de los primeros y más exitosos experimentos de viviendas comunales financiadas por el estado. Esta última medida aseguró la preservación de viviendas accesibles para sectores de bajos y medios ingresos, y frenó el proceso de gentrificación en medio de un proyecto para revitalizar la costanera, que de lo contrario habría transformado el centro de la ciudad. Bernie el izquierdista, invitó a Noam Chomsky a hablar en la casa de gobierno, y viajó a Nicaragua para conocer a Daniel Ortega y establecer una ciudad hermana sandinista. Bernie el administrador, mantuvo el presupuesto de la ciudad balanceado y fue parte de la transformación de Burlington en una de las ciudades más lindas y habitables de los Estados Unidos.

En 1990, Bernie se presentó como candidato para la cámara de representantes de Estados Unidos y se convirtió en su primer miembro independiente en cuarenta años. Rápidamente fundó el Congressional Progressive Caucus, que hasta el presente es uno de los pocos baluartes de izquierda en el Capitolio. Criticó a políticos de ambos partidos por subordinarse a la lógica corrupta de Washington. Se reveló como un político serio, de mensaje directo y franco, y alarmado por las crisis que enfrenta nuestro país. Si bien sus modales a veces pueden parecer hoscos y sus aptitudes sociales escasas, nunca hubo dudas acerca de su devoción por el trabajo. Bernie pudo emerger como una voz calificada a nivel nacional en temas que van desde la desigualdad en los ingresos a la cobertura médica universal, la reforma de la campaña financiera y los derechos LGBT. También fue un prominente crítico temprano de la guerra de Irak y los programas de vigilancia interna como la Ley Patriota.

Básicamente, Bernie mantuvo el curso que él mismo se había propuesto desde el principio, el del un progresista imperturbable que basa su trabajo en una independencia fundamentada y la obstinación porque se hagan las cosas. De nuevo en Vermont, donde desde 2006 ha sido senador, Bernie continuó incrementando su popularidad y ganó con el 71% de los votos en su elección más reciente, consiguiendo la mayor tasa de aprobación de todos los políticos de Estados Unidos. Su reconocido rechazo a las campañas de desprestigio, así como su compromiso en encontrar terrenos comunes con figuras políticas de otros bandos, solo han fortalecido su reputación. Precisamente, su mayor logro y el secreto de su éxito, ha sido construir un nuevo consenso político en el estado de Vermont. Por supuesto, él interpela a los liberales más acérrimos pero saca su fortaleza real de familias trabajadoras blancas de las pequeñas ciudades, no tan conocidas (al menos en las décadas recientes) por sus inclinaciones socialdemócratas.

Mi familia es una familia de peluqueros, a los que se suman un par de enfermeras y electricistas. Somos una familia de cazadores y fanáticos de Katy Perry. Somos una familia a la que la cultura política contemporánea le ha hecho creer que su voz no cuenta. Y puedo decir, con total honestidad, que Bernie Sanders ha hecho pensar distinto a mi familia. De cara a las próximas elecciones primarias, casi todos ellos – propensos a votar a los republicanos en cualquier otra elección – darán su voto a Bernie Sanders. Cuando estoy en Vermont no solemos hablar de política pero cuando lo hacemos hablamos de Bernie. Puedo escuchar a mi tía decir “Quizás no estoy de acuerdo con todo lo que él dice o hace, pero se que él sabe lo que dice y cree en lo que hace. Se que él nunca nos entregaría y que siempre nos dirá las cosas de frente”.


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El crecimiento del senador Bernie Sanders, en una campaña engañosamente quijotesca para convertirse en el 45to presidente de los Estados Unidos, ha despertado extrañas animosidades en la opinión pública. Bernie atrajo multitudes mucho más grandes y generó más entusiasmo que cualquier otro candidato de los dos partidos. Durante 2015 su campaña recibió 73 millones de dólares de más de un millón de individuos y un récord de 2.5 millones de contribuciones en total. Está recibiendo una gran cobertura mediática con primera plana en los medios más importantes de Estados Unidos y es el tópico central en numerosos tweets, memes y conversaciones de internet en general. Su principal contendiente, la todavía favorita Hillary Clinton -ex secretaria de Estado, senadora, primera dama y niña mimada del establishment demócrata- estaba posicionada como la candidata más imparable en toda una generación, tan solo 6 meses atrás. Al escribir estas líneas, a mediados de enero, ella se aferra a una ventaja de 7 puntos a nivel nacional y está cabeza a cabeza en las elecciones de dos estados en las primarias, estados que históricamente han sido la referencia del resto del país (Iowa y New Hampshire). Lo que es más increíble aún es que Bernie Sanders está haciendo todo esto sin dinero de corporaciones y sin recibir el apoyo del establishment, proclamando las virtudes del socialismo democrático y diciéndole a quien quiera escucharlo que este país necesita una revolución política.

Después de décadas trabajando en política, no debería ser ninguna sorpresa que la plataforma de campaña de Bernie sea amplia y detallada, meticulosa se podría decir. Quizás meticulosa pero no confusa: no ha dejado lugar a dudas de que su mayor preocupación es la desigualdad que define cada vez más a la economía estadounidense. Propone subir el salario mínimo de 7.25 dólares a 15 hacia 2020. Promete crear millones de puestos de trabajo a través de programas federales de infraestructura y programas para la juventud. Dice que va a expandir la seguridad social, proporcionando educación gratis en todas las universidades públicas y extendiendo la cobertura de salud a todos a través de un sistema de pago único. Su plan para financiar estos programas es simple: subir impuestos a los ricos y a las grandes corporaciones, y cobrar impuestos a la especulación financiera.

En sus historias, Bernie cuenta cómo Estados Unidos se convirtió en uno de los países con mayor desigualdad en el mundo, y pone especial énfasis en la responsabilidad de las instituciones financieras en la crisis del 2007-08. Lamenta que ni un solo ejecutivo haya sido encarcelado por su rol en estos episodios, y muestra el contraste existente con un sistema de justicia que ha encarcelado a millones de personas de bajos recursos por delitos menores. Propone la implementación de una versión siglo 21 de la Ley Glass-Steagall, la que impidió que los bancos comerciales participaran con bancos de inversión a partir de 1933 y que luego fue derogada bajo la mirada aprobatoria del presidente Bill Clinton en 1999. Recientemente anunció que, de ser elegido, en su primer año disolvería todas las instituciones financieras alguna vez consideradas “demasiado grandes para caer”.

Sin embargo, su ardiente y popular versión económica no explica por qué millones de personas han llegado al “Feel the Bern”, el hashtag viral que se ha convertido en un eslogan para la campaña. En realidad, podría decirse que le está hablando a un momento más amplio en la historia de nuestro país. Las deudas personales y la desigualdad económica están en niveles récord, y la generación que hoy es mayor de edad ha sido criada en medio de la guerra de Irak y la Gran Recesión. Esta generación creció entre resabios del sueño americano aunque su realidad fue la de la movilidad descendente para la mayoría, mientras solo ascendían una pequeña élite y unos pocos afortunados. En este contexto, Bernie denuncia que el sistema no está sencillamente roto sino que está diseñado para perpetuar el control por parte de una pequeña élite políticamente arraigada con intereses capitalistas, y es eso lo que ha prendido fuego a su campaña de manera tan llamativa.

Además de sus propuestas económicas, la otra pieza fundamental de la campaña de Bernie es su llamado a expulsar las grandes corporaciones y su dinero de la política. Bernie defiende a viva voz una reforma integral del financiamiento de las campañas, incluyendo la derogación de la decisión de la Corte Suprema sobre el caso Citizens United y la abolición de los super PACs, que en conjunto han permitido que el dinero corporativo ejerza cada vez mayor control sobre el proceso electoral. Bernie nos recuerda que él es el único candidato sin un super PAC y que su campaña está alejada de las corporaciones, financiada en gran parte por pequeñas donaciones y contribuciones un poco más grandes de sindicatos. La campaña de Hillary, en cambio, está sustentada en su mayor parte por ricos y corporaciones; seis de sus diez principales aportantes son bancos.

Bernie cree que las corporaciones han tomado el control sobre la democracia norteamericana, y es aquí en donde retoma su idea de la revolución política. En cada discurso llama la atención sobre esto y siempre es inequívoco: ni él ni ningún otro político puede hacer los cambios necesarios solo. La idea de revolución política de Bernie comienza con el pueblo estadounidense saliendo a votar masivamente, recuperando nuestra democracia, y exige reformas que aumenten nuestro control sobre la economía nacional y el proceso político.

No sorprende que los poderosos no estén contentos con Bernie y la mayor ofensiva ha sido tomada por el establishment demócrata (lo que también, por desgracia, es lógico). Su candidata, Hillary Clinton, ha recibido hasta ahora 455 avales de los gobernadores y representantes en el Congreso, mientras solo 3 han sido para Bernie Sanders; ella ha sido respaldada por 18 sindicatos que representan a 12 millones de trabajadores frente a 3 sindicatos que acompañan a Bernie, que a su vez representan a 1 millón de trabajadores. Entre los llamados superdelegados -una desagradable particularidad del sistema electoral de Estados Unidos, quienes en conjunto constituyen cerca de un tercio de los votos del partido, y no tienen la obligación democrática de honrar las decisiones de sus votantes- las preferencias por Hillary tienen una ventaja de 45 a 1. El Comité Nacional Demócrata, por su parte, ha tratado de limitar las oportunidades de debate (y audiencia) en un esfuerzo para proteger la ventaja de Clinton, llegando incluso a eliminar la campaña de Bernie Sanders de su base de datos en un desmesurado castigo por una ofensa menor (y disputada). Mientras tanto, los charlatanes del establishment han disparado contra Bernie diciendo que es incapaz de ganar una elección general, a pesar de las numerosas pruebas en contra de esa idea.

Los mejor intensionados partidarios de Hillary dirían “Ella tienen más chances de ganarle a cualquier loco peligroso que surja de esta especie de lucha libre que son las primarias republicanas”. Dirían también que ella tendrá más posibilidades de hacer las cosas que propone una vez en el gobierno. La política es desagradable y el Partido Republicano se ha redefinido tanto por su obstruccionismo tanto como su fanatismo. Hillary podrá no ser pura, pero es la persona del partido demócrata capaz de forzar al menos un par de reformas positivas en nuestro gobierno disfuncional. Los partidarios de Hillary también dirían que ya es hora de que elijamos una presidenta mujer, después de más de dos siglos ininterrumpidos de gobierno de varones.

Yo respondería que Clinton representa hasta tal punto lo que es disfuncional en nuestro sistema político actual, que es difícil que pueda hacer algo al respecto. Ella está tan estrechamente ligada a Wall Street como cualquier político de ambos partidos. Votó a favor de la guerra de Irak y se mantiene fiel al ala bélica del Partido Demócrata, una sección ampliamente desacreditada del intervencionismo liberal. Clinton está muy volcada a su objetivo de ganar poder, mientras que Sanders ha mantenido valores consistentes durante más de treinta años en cargos de elección popular. El simbolismo de la elección de una presidente mujer es importante, sin duda, un evento potencialmente histórico que rivalizaría con la elección de Barack Obama como el primer presidente afroamericano de nuestro país hace ocho años. Sin embargo, también hemos visto las limitaciones del simbolismo en la política durante la administración del presidente Obama, con el ingreso medio y la riqueza de afroamericanos en declive, mientras que la disminución de las tasas de encarcelamiento continúan a un ritmo aparentemente inexorable, a su vez, la deportación de los inmigrantes latinos ha alcanzado niveles récord. Por otra parte, el valor de este simbolismo se puede ver compensado por la alternativa de elegir un presidente con un plan y un mandato que cambie la forma en que funcionan Washington y nuestro país en general.

bernie wars

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Como era esperable de lo que llamaré laxamente “la izquierda“, los debates sobre estas elecciones se han vuelto bastante desagradables en los últimos meses. La insistencia de Bernie en no utilizar técnicas negativas de campaña – y Hillary en un lugar confortable como ganadora- mantuvieron las cosas en buenos términos. Pero a medida que la campaña se fue calentando y la ventaja se redujo, legiones de seguidores de Hillary han salido a los medios de comunicación a descalificar a los partidarios de Bernie como sexistas. Los seguidores de Bernie, por su parte, fueron sarcásticos y en ocasiones políticamente incorrectos – aunque generalmente correctos al juzgar sus posiciones y logros – y respondieron que Bernie ha apoyado políticas y diversas medidas que son mucho más progresista para la igualdad de las mujeres que las que Hillary propone (al menos, más allá de los escalafones más altos de las profesionales). Estas discusiones, si bien tienen el potencial para dar lugar a un debate necesario sobre las diferencias entre el feminismo liberador y el feminismo corporativo, en general han sido lideradas por fanáticos y no han progresado (al menos por ahora) mucho más allá de insultos superficiales al estilo Twitter.

Más a la izquierda, los sospechosos de siempre, han salido de la nada para acusar a Bernie de no ser el portador de la verdadera revolución. Ellos lo acusan de un sinnúmero de desviaciones estilo “pecado original” relacionadas con su falta de alineamiento pleno con alguna estructura particular (y esotérica) de pensamiento político. Algunos dicen que él está actuando como un “perro pastor“ para el Partido Demócrata, atrayendo jóvenes descontentos a su seno -no les importa que él haya sido independiente la mayor parte de su carrera y que ahora se convirtió en el enemigo público Nº 1 del establishment demócrata-. Otros, nunca le perdonarán ser un socialdemócrata cuando él se ha etiquetado tan claramente a sí mismo como un socialista democrático. Y finalmente, están aquellos que piensan que Bernie ha caído en desgracia por su voto en tal o cual política exterior demostrando ser como todos los demás –sin que les importe que critica abiertamente la historia de imposiciones de regímenes en exterior de nuestro país o que sostenga que el cambio climático representa una amenaza a nuestra existencia mayor a la del terrorismo a pesar de la exaltación al miedo por parte de los medios-. Aunque irrelevantes para la conciencia política mainstream, estas patologías son dignas de mención en la medida en que se han agudizado y clarificado distinciones dentro de la vasta izquierda socialista –entre quienes van a donde está la gente y construyen políticas sobre la base de realidad existentes y quienes prefieren sentarse en los márgenes de la historia y reclamarles a quienes no los acompañan.

Pero más interesante y relevante para el momento actual de la política de Estados Unidos es el debate que se inició durante Netroots Nation, una destacada convención política progresista. Activistas del movimiento Black Lives Matter (BLM) interrumpieron un discurso de Bernie para llamar la atención sobre la violencia policial en contra de la comunidad negra y exigir la adopción de una agenda política más directa para desmantelar el racismo estructural en los Estados Unidos. La respuesta de Sanders fue ridiculizada por algunos, como fuera de lugar y con desdén. Sus intentos iniciales por remarcar su propio historial en justicia racial y vincular la cuestión del racismo con las políticas económicas diseñadas para aliviar la desigualdad, no ayudaron. Unas semanas más tarde, un grupo de activistas de BLM con sede en Seattle interrumpió otro discurso Bernie Sanders, esta vez en un acto para celebrar los 80 años de la Seguridad Social. Los manifestantes tomaron el micrófono antes que Bernie pudiera hablar, no le permitieron responder a sus críticas y acusaron a la ciudad de Seattle de “liberalismo con supremacía blanca” en respuesta a los abucheos de la audiencia. El evento fue cancelado.

Después de este segundo evento, la campaña de Sanders dio a conocer un programa de justicia racial (presumiblemente elaborado después de la primera intervención) que abrió con un gesto explícito a las solicitudes de BLM y otros activistas, diciendo los nombres de las mujeres y hombres de color recientemente asesinados por la policía. Continuó abordando directamente la cuestión de la violencia física perpetuada por el estado y los extremistas de derecha contra hombres y mujeres afroamericanos, y luego enumeró una lista de propuestas y demandas que abordan también cuestiones de la violencia desde lo político, jurídico, económico y ambiental. Este nuevo programa ha sido aplaudido los líderes del movimiento BLM.

La primera intervención de BLM proporcionó un ejemplo de dos movimientos progresivos distintos pero superpuestos, en conversación crítica y productiva. El último, en cambio, mostró que ambos pueden entablar por momentos un diálogo de sordos. Bernie, un hombre judío blanco de 74 años de edad, del segundo estado más blanco de los Estados Unidos (96,7%), fue lento al principio en reconocer la urgencia de este momento en la justicia racial, al igual que reconoció la falta de perspectiva al incluir los reclamos de BLM en una plataforma de justicia económica preexistente. Los activistas de BLM fueron oportunistas al explotar esta óptica a expensas de alguien que fue -como mínimo- un buen aliado blanco de los movimientos de justicia racial, desde que marchara en 1963 con Martin Luther King Jr. Su táctica, mientras fue útilmente provocativa en Netroots, fue desmedida en Seattle. En este segundo caso, el grupo liderado por activistas relativamente nuevos en la justicia social y muy alejados de encarnar el liderazgo de lo que es un movimiento esencialmente abierto, fue percibido como cínico y no particularmente interesado en la construcción de políticas progresistas más allá de divisiones esencialistas.

En síntesis, la saga Bernie-BLM ha sido una buena experiencia de aprendizaje para Sanders y sus seguidores, y esto debería reconfortarnos como progresistas. Además de su agenda de justicia racial, Bernie ha contratado más personas de color en puestos importantes. Él se ha vuelto también crecientemente activo en destacar la aterrorizante tendencia de violencia policial contra los afroamericanos. Por ejemplo, fue a visitar a la familia de Sandra Bland, una mujer de 28 años de edad que fue encontrada muerta en la cárcel tras ser detenida por una violación de tráfico menor. Después de esto hizo una poderosa y trágicamente simple declaración: “ella hoy estaría viva si hubiese sido una mujer blanca”. También hizo giras con prominentes figuras de la cultura negra como Killer Mike del grupo de rap Run the Jewels y mejoró su exposición acerca del racismo subyacente a gran parte de la economía de Estados Unidos desde la esclavitud. Aunque su nombre aún no es tan conocido entre estas comunidades como el de Hillary, su tendencia al voto ha aumentado significativamente.

En términos más generales, podemos ver estos debates como parte del crecimiento -y tal vez incluso de una generación- del activismo de una izquierda renovada en los Estados Unidos. Varias décadas en retirada, al menos en el nivel de conciencia de las masas, se invirtieron repentinamente con Occupy Wall Street (OWS) en septiembre de 2011, como he escrito anteriormente. Este movimiento incipiente tenía toda la gracia y la belleza de un recién nacido, lo que era –efectivamente- al menos para la gente vinculada en ello. Funcionó como un despertar generacional a la posibilidad de un activismo político transformador en los Estados Unidos. Black Lives Matter, aunque no estuvo directamente relacionado con (o inspirado por) OWS, entró en los medios de comunicación mainstream sobre su estela e incorporó (intencionalmente o no) muchas de las críticas contra su predecesor.

Bernie Sanders ha llegado a millones de personas para las que era más fácil relacionarse con la política a través del prisma de una campaña presidencial. Considerados en conjunto (aún cuando no son necesariamente una unidad), este triple movimiento marca el ascenso de una nueva era de la política progresista en los Estados Unidos. Y mientras los debates entre estos y otros movimientos políticos son necesarios, al igual que lo es la lucha crítica por la forma y dirección de la política progresista, es igualmente necesario que no dejemos que las luchas internas destructivas nos distraigan de la cuestión más profunda de nuestro tiempo, que es cómo refundar el sistema político y económico de Estados Unidos sobre uno que funcione para todo el mundo en nuestro país y que haga más por ayudar al resto del mundo que por dañarlo.

Bernie Sanders está haciendo todo lo posible para mantenernos enfocados en esta cuestión, siempre dejando en claro que no puede resolverlo él solo. Esta, más que cualquier otra razón, es por la que apoyo a Bernie Sanders y creo que tú también deberías hacerlo. Bernie es la persona mejor posicionada para impulsar un movimiento amplio con la oportunidad de ganar poder, y también para reorganizar alianzas políticas en torno a la solidaridad de clase y racial, a diferencia de las divisiones que nos imponen los intereses corporativos. Lo hizo en Vermont, tal vez no en el nivel de nuestras fantasías socialistas más elevadas, pero sin duda de una manera transformadora y duradera. Y cuando observamos el estado de la política estadounidense, donde un populista de derecha como Donald Trump ha capturado la atención de una gran parte del electorado republicano con mensaje no convencional, vemos la necesidad urgente de que nosotros demos batalla por una nueva nueva mayoría en este país, basada en la unión y no en el odio.

En su tierra, Bernie Sanders continúa manteniendo unida la coalición que ha construido con políticas que se mueven más allá de la guerra de trincheras partisanas. Es reconocido por su apoyo a los veteranos de guerra de Estados Unidos así como sus esfuerzos para auditar la Reserva Federal (ambas cuestiones normalmente consideradas conservadoras). Es sorprendentemente muy querido por muchos de sus colegas republicanos en el Congreso, no como alguien que habla de béisbol con ellos, sino como una persona que no habla de una manera y actúa de la otra. En un discurso reciente en la conservadora Christian Liberty University, Bernie utilizó una herramienta retórica que ha sido común a lo largo de su carrera, dijo a la audiencia, “no podemos estar de acuerdo en todo pero podemos estar de acuerdo en la injusticia que supone la desigualdad y en la corrupción y la disfunción que define nuestro sistema”.

Así como las primarias revelan profundas divisiones en cada uno de los partidos, también manifiestan una división aún más profunda entre las culturas conservadoras y progresistas en el país. Nadie parece ser capaz de imaginar un escenario peor que la victoria de un candidato del partido contrario. Más allá del mensaje de Bernie de transformación económica y política, él también nos muestra cómo se puede re imaginar nuestra política fracturada en el siglo 21. La posibilidad de una presidencia de Bernie Sanders nos proporciona una importante, aunque sólo sea parcial, hoja de ruta para superar la traba de la cultura política que nos ha dominado.


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La última vez que visité Vermont, con mi esposa fuimos a ver a mi abuela de 90 años, una vermontesa y ávida seguidora de golf y programas de entrevistas políticas. No fue sorpresivo terminar hablando de las elecciones, y nos contó que uno de sus hijos, mi tío, estaba tratando de convencerla de votar por Bernie. Ella seguía indecisa. Conoció a Bernie durante décadas, le gusta y confía en su juicio, pero quiere ver una mujer presidenta antes de morir. Fue un argumento fuerte y simple, que consideré muy seriamente.

Mi esposa le respondió que su país ha tenido una mujer presidente progresista, Cristina Kirchner, durante la mayor parte de la década pasada y que, si bien ella entiende lo histórico que sería para nosotros, ¿acaso sería comparable con tener un presidente socialista en el país más capitalista y poderoso del mundo? Un momento, dijo mi abuela, no con desconfianza pero si como desempolvando una idea que ella no había considerado en un largo tiempo –¿Son ustedes socialistas? Nos miramos el uno al otro y tras una breve pausa, dubitativos, mi esposa contestó “si, supongo que si eso es lo que hace falta, lo somos”. Los ojos de mi abuela se abrieron un poco de sorpresa o de picardía, o quizás en un intento de absorber a su nieto y nieta política y la ola de ideas nuevas y viejas a la vez. Bueno, contestó -sus palabras fueron lentas y cuidadosas-, “mira nomás“.

La próxima vez que visite mi familia, espero estar celebrando la última intervención de Vermont en el curso de la historia de Estados Unidos. En el mejor de los casos vamos a celebrar la elección del primer presidente socialista democrático del país. Pero incluso si Bernie pierde, creo que su campaña ha creado un espacio para imaginar una nueva era en la política progresista. De cualquier modo, el mensaje de la revolución política de Bernie va a haber sido transmitido a una nueva generación de jóvenes, un terreno para que construyamos un futuro mejor.

La rebelión en Haití que conmueve las entrañas de Nuestra América

 
Haití

Rebelión


Después de once años de ocupación bajo mandato de las Naciones Unidas, la comunidad internacional puede estar segura de su fracaso en Haití. Es un fracaso, sobre todo, de los gobiernos progresistas de la región La rebelión popular haitiana consiguió impedir el «golpe electoral» que tenía preparado el Gobierno de Michel Martelly, con apoyo de la Casa Blanca, para perpetuar en el poder a los herederos del régimen de François Duvalier. La segunda vuelta debía realizarse el 22 de enero –inicialmente prevista para el 27 de diciembre– para elegir al sucesor de Martelly que finaliza su mandato hoy, domingo 7 de febrero.
Buena parte de la población haitiana rechaza la realización de la segunda vuelta entre el oficialista Jovenel Moise, que llegó al frente en la primera vuelta en octubre, y el opositor Jude Celestin, segundo a solo ocho puntos, por temor a que se repita un fraude masivo como en anteriores ocasiones. Celestin se retiró para evitar que se consagre el continuismo. Lo cierto es que desde la caída del régimen de la familia Duvalier (1957-1986) se sucedieron golpes de Estado y el país no ha conseguido estabilizarse.
La oposición de izquierda denuncia la ocupación colonial que sufre la isla desde la intervención militar de Estados Unidos, Canadá, Francia y Chile que derrocó al presidente electo Jean-Bertrand Aristide, el 29 de febrero de 2004. Meses después las Naciones Unidas, que no condenaron la intervención militar, instalaron la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) con más de 7.000 efectivos militares que en su mayoría pertenecen a países latinoamericanos como Brasil, Uruguay y Argentina (que aportan la mitad del contingente), pero también Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Colombia, Paraguay, Perú y Guatemala.
La población haitiana rechaza masivamente una presencia militar que no pidió y que genera situaciones de violencia permanentes. Las tropas de ocupación han sido acusadas en reiteradas ocasiones de violaciones a niñas y niños haitianos, de reprimir acciones de protesta, de proteger la brutal corrupción imperante y los intereses de los Estados Unidos. Uno de los hechos más graves fue la epidemia de cólera que provocaron los soldados nepalíes de la MINUSTAH con un saldo de 900.000 haitianos infectados y 9.000 muertos.
En 1697 España cedió a Francia la parte occidental de la isla La Española a la que había llegado Colón tres siglos antes, constituyendo la colonia Saint Domingue. Los franceses establecieron un férreo sistema colonial donde 500.000 esclavos africanos trabajaban en plantaciones de caña de azúcar. La isla fue también un centro de tráfico de esclavos para otras colonias americanas. La colonia era responsable de un tercio de los ingresos de Francia.
Durante todo el período colonial hubo revueltas de esclavos que escapaban de las plantaciones hacia las montañas donde establecían comunidades libres «cimarronas» y resistían a los esclavistas. Poco después de la revolución francesa comenzó un movimiento de liberación de los esclavos en la isla, encabezado por Toussaint-Louverture (considerado el más importante dirigente de la revolución haitiana), que consiguió importantes victorias militares. La larga lucha emancipadora iniciada en 1791 culminó en 1804 cuando Jean-Jacques Dessalines declara la independencia y bautiza a la excolonia como Haití. Fue la primera revolución de América Latina que consiguió erradicar la esclavitud.
Pero las potencias de la época no estaban dispuestas a aceptar una revolución de esclavos. Al nuevo país le impusieron bloqueos económicos y el aislamiento político para que el ejemplo no se difundiera en la región. Estados Unidos recién reconoció la independencia de Haití en 1862. Francia lo hizo a cambio de una cuantiosa «indemnización» para sus colonos.
Sin embargo, los criollos que luchaban por independizarse de la corona española tuvieron el apoyo de los revolucionarios haitianos. En 1816 Simón Bolívar pudo organizar, con respaldo del Gobierno haitiano, la expedición con la que llegó a isla Margarita para reiniciar su campaña libertadora.
La larga historia colonial fue actualizada con la ocupación de Estados Unidos, desde 1915 hasta 1934, para evitar que el dirigente revolucionario Rosalvo Bobo tomara el poder. La presencia de los marines en Haití facilitó el saqueo de las arcas haitianas (el Banco de la Nación se convirtió en sucursal del Citybank) y la represión contra los campesinos, mientras que las empresas estadounidenses se aprovecharon de los bajos salarios de los cultivadores de caña.
Con apoyo de la Casa Blanca, Duvalier llegó a la presidencia en 1957 hasta que lo sucedió su hijo Jean Claude (Baby Doc) en 1971. Fue un régimen dictatorial sostenido por grupos paramilitares («tonton macoutes») y una burguesía nacida al abrigo del régimen. La represión asesinó a unos 150.000 haitianos. Pero en 1986 una insurrección lo obligó a exiliarse iniciando un período de inestabilidad con fuertes luchas populares. El sacerdote salesiano Aristide ganó las elecciones de 1991 al frente del movimiento Lavalas, pero fue derrocado seis meses después por un golpe encabezado por el general Raoul Cedrás.
Aristide regresó al Gobierno en 1994 «protegido» por tropas multinacionales encabezadas por Estados Unidos (que había financiado el golpe en su contra) y entregó el poder a su amigo René Preval que ganó las elecciones de 1995. En 2000, Aristide gana una nueva presidencia con más del 90% de los votos. Pero su Gobierno se acercó a Cuba y a la Venezuela de Hugo Chávez, ganándose el rechazo de Washington. Grupos armados integrados por militares duvalieristas se levantaron desde 2003 y en febrero de 2004 se produjo la invasión militar que lo expulsó del país y abrió las puertas a la MINUSTAH.
El terremoto del 20 de enero de 2010, en el que murieron más de 300.000 personas, dejó al descubierto la brutal corrupción de la ayuda internacional y el papel militarista de Estados Unidos, que movilizó cientos de barcos de guerra y miles de soldados para afirmar su control de la isla.
Después de once años de ocupación bajo mandato de las Naciones Unidas, la comunidad internacional puede estar segura de su fracaso en Haití. Es un fracaso, sobre todo, de los gobiernos progresistas de la región, muy en particular del brasileño que se empeñó en afirmar su presencia militar en la isla para proyectarse como «jugador global» y conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero es un fracaso también de Uruguay, de Bolivia, Ecuador y Argentina, que deberían haber retirado sus tropas hace mucho tiempo.
La población salió a las calles por dos razones principales. Rechaza el régimen duvalierista/imperialista. Martelly es heredero del régimen de los Duvalier y solo se sostiene por el apoyo de Washington. Hasta una parte de la burguesía haitiana rechaza la permanencia de su partido y reclama un mínimo de soberanía nacional.
La segunda es la crisis económica que está provocando hambrunas en cuatro de los diez departamentos, agravada por la expulsión de migrantes haitianos desde la vecina República Dominicana, donde acuden en busca de trabajo.
Pero las grandes rebeliones no nacen solas. En los últimos años asistimos a un crecimiento exponencial de las organizaciones populares de base que reclaman el fin de la ocupación. Ellas han frenado el «golpe electoral» y este fin de semana medirán fuerzas en las calles para recuperar el protagonismo del pueblo haitiano y la definitiva derrota de los corruptos y los invasores.

Fuente: http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2016-02-07/hemeroteca_articles/haiti-a-la-calle-contra-los-corruptos-y-los-invasores

Elecciones EEUU: Bernie Sanders inclina el tablero político hacia la izquierda entre los demócratas, mientras Donal Trump se recupera en el campo republicano

Donald Trump y Bernie Sanders vencen en New Hampshire

"Nadie se va a meter con nosotros", dice el republicano. "¿Estáis listos para una idea radical?", pregunta el demócrata

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El País

El magnate Donald Trump y el senador socialista Bernie Sanders ganaron este martes las elecciones primarias de New Hampshire, según las proyecciones de todos los medios de comunicación estadounidenses. El magnate republicano ha logrado la victoria con el 35,1% de los votos, casi 20 puntos de ventaja con respecto al segundo, John Kasich (15,9%), con alrededor del 90% del voto escrutado. En el bando demócrata, Sanders, con el 60%, queda a una distancia similar con respecto a Clinton (38,4%).
Sanders compareció después de la candidata Hillary Clinton. Sanders preguntó nada más subir al escenario: "¿Estáis listos para una idea radical? Juntos vamos a crear una economía que funcione para todos, no solo para el 1%, con un salario mínimo de 15 dólares por hora y con igualdad salarial para las mujeres".
Trump exhibió su estilo digresivo en su discurso de victoria: “El mundo nos va a respetar de nuevo. Creedme”. Luego hizo un sinfín de promesas: mayor creación de puestos de trabajo, fin de la epidemia de heroína, victorias comerciales sobre Japón, China y México, destrucción del Estado Islámico...
El republicano Trump, un electrón libre de la política que nunca había votado en unas elecciones primarias del Partido Republicano, se reivindica como figura central en el proceso para elegir al sucesor del demócrata Barack Obama en la Casa Blanca. Sanders, que se sienta como independiente en el Senado de Estados Unidos, demuestra su capacidad para plantar cara a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, favorita sobre el papel para la nominación en el Partido Demócrata.
La victoria de Trump y Sanders es el triunfo de dos políticos atípicos en sus partidos. Ideológicamente y en el talante tienen muy poco que ver, pero ambos recogen el descontento de los estadounidenses con el statu quo. El resultado en New Hampshire, un pequeño Estado de 1,3 millones de habitantes en el noreste de EE UU, refleja el carácter excepcional de esta campaña. Las élites de los partidos demócrata y republicano tienen dificultades para frenar el ascenso de los aspirantes heterodoxos.
En New Hampshire, Trump se resarce de la derrota en los caucus (asambleas electivas) de Iowa, la semana pasada. Iowa abrió el proceso de caucus y primarias que se prolongará hasta junio y que servirá para que los estadounidenses elijan al demócrata y al republicano que se enfrentarán en las presidenciales del 8 de noviembre.
Hace un año hubiera sido inimaginable pensar que Trump —magnate de la construcción y los casinos, estrella de los reality shows, y proclive al insulto, al exabrupto xenófobo y la astracanada— ganase las elecciones primarias de New Hampshire. Que la victoria de Trump, anticipada en los sondeos, no sea una sorpresa indica hasta qué punto se han trastocado las normas del pasado. Lo atípico ya parece normal.
New Hampshire no cierra el cisma en el Partido Republicano entre el ala del establishment y el ala insurgente. El problema de los candidatos preferidos por las élites del partido —los que, tradicionalmente, han ganado la nominación— es que son demasiados y dividen el voto. Trump confía en consolidar su posición en los estados sureños y occidetales que votarán en las próximas semanas: el 20 de febrero están convocadas las primarias republicanas de Carolina del Sur, y el 23, los caucus de Nevada.

El campo demócrata

La última vez que concurrió a unas primarias, en 2008, Clinton ganó en New Hampshire, tras haber perdido en los caucus de Iowa, aunque finalmente fue Barack Obama quien se hizo con las primarias y ganó la Casa Blanca para los demócratas. Esta vez ha ocurrido al revés. La ex secretaria de Estado casi empató con Sanders la semana pasada y ahora ha quedado segunda, pero en la carrera de fondo sigue siendo la favorita.
Sanders ha ganado en casa. Aunque creció en el distrito de Brooklyn, en Nueva York, fue alcalde de Burlington, en el Estado vecino de Vermont, en los ochenta, y senador por este Estado desde 2006. El sanderismo ha avanzado en los últimos meses a lomos del descontento de la clase media, cada vez más alejada del 1% de la élite económica del país, y por el empuje de un gran número de jóvenes volcados en la campaña.
Aun así, en EE UU, la posición de Sanders no deja de ser heterodoxa —mano dura contra la banca, contra Wall Street, sanidad y educación universal y gratuita—, especialmente, por manifestarse sin complejos como “socialista”, ya que en el imaginario americano el término se suele asociar al comunismo. Esto lleva al precandidato a aclarar que es un “socialista demócrata”, es decir, un socialdemócrata.
Cuando la campaña viaje al sur y al oeste, probablemente Clinton recuperará terreno. El 20 de febrero los demócratas celebran los caucus de Nevada y el 27 las primarias de Carolina del Sur. Aun así, el empuje de Sanders y el discurso de Clinton desde que arrancó la campaña en 2015 reflejan una inclinación del Partido Demócrata hacia la izquierda.

martes, 9 de febrero de 2016

Un balance de la política exterior de Macri

 

Dos meses de política exterior macrista

Por Oscar Laborde *
Página/12
 
A poco de cumplir 60 días, el gobierno nacional marcó con rapidez y crudeza sus prioridades en las relaciones exteriores.
Poco se había debatido en la campaña electoral sobre el tema. Scioli prometió continuidad e hizo gestos al reunirse con dirigentes fundamentales para este momento de la integración regional. Tuvo su encuentro con Raúl Castro, Pepe Mujica, Lula da Silva, Evo Morales y sus apoyos. Macri habló poco y nada sobre lo que haría. Genéricamente dijo que mejoraría la relación con Estados Unidos, que había que abrirse al mundo y, sí, puso énfasis en pedir la libertad de los condenados en Venezuela por intentos golpistas. De hecho, en su último minuto en el debate con Scioli reiteró el pedido.
La elección de nueva canciller Susana Malcorra (o deberíamos decir aceptación de la sugerencia) habla por sí sola. La ingeniera Malcorra fue ejecutiva de IBM en el momento que se producía el escándalo por pago de coimas, hecho probado por la Justicia argentina. Luego fue CEO de Telecom y les redujo el 10 por ciento del sueldo a los trabajadores. Extrañamente, sin tener ningún antecedente en la Cancillería argentina, ni estudio o práctica en la política exterior, es designada directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), uno de los 14 cargos más importantes de las Naciones Unidas, siendo el destacamento no militar más importante del mundo, con presencia en 80 países y disponiendo de 30 buques, 70 aviones Hércules y 5000 camiones, 60 mil hombres y un presupuesto de 1,7 mil millones de dólares. En 2012 fue designada jefa de gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
En Wikileaks aparecen, claramente, las indicaciones que recibía del Departamento de Estado norteamericano periódicamente (véase https//search.wikipedia.org/=malcorra+rice). Y eso nos saca la duda. ¿Quién, con gran peso en la ONU, recomendaría a alguien para cargos fundamentales para la organización si en su país nunca estuvo ni un día en la Cancillería? El antecesor en su último cargo tenía 40 años en la Cancillería india y era el representante de ese país en el organismo en el momento de la designación. La dependencia de la ingeniera Malcorra de los Estados Unidos tiene kilómetros de texto en el mundo diplomático y en los medios de todo el mundo.
El primer viaje de Macri fue a la cumbre del Mercosur donde, rompiendo todos los antecedentes, se involucró en la política interna de Venezuela demostrando su voluntad de conflictuar el organismo, debilitarlo. No es su prioridad y trabajará para deshacer lo transitado.
Luego fue a Davos, un encuentro de banqueros. Ningún organismo oficial convoca a ese encuentro ni el Banco Mundial, ni el FMI, ni siquiera el Ministerio de Economía suizo. Sólo un grupo de multimillonarios que hace desfilar a presidentes y funcionarios para presionarlos. Pero lo más grave de ese viaje fue la reunión con el primer ministro británico, David Cameron, que Macri caracterizó como “muy linda”, además de afirmar que “lo de Malvinas era un tema más en la relación”. En la lectura diplomática está claro que eso y archivar el reclamo por la soberanía en las islas es lo mismo. El daño es gigantesco porque deshace lo logrado en 12 años de paciente labor del gobierno anterior consiguiendo que se expidan por la posición argentina no sólo el Mercosur, Unasur, el G77 + China, sino la Celac, donde muchos países anglófonos, pertenecientes al Commonwealth (todavía en muchos de ellos al primer ministro lo nombra la reina) comprometiendo su relación con Gran Bretaña, nos dieron su apoyo. Será muy difícil en las próximas años, o tal vez décadas, conseguir ese respaldo nuevamente.
La ausencia a la reunión de la Celac, a la que concurrieron 22 presidentes del continente, demuestra con quién quiere estar Macri y a quién le huye. Este gesto pretende menospreciar las relaciones con la región y privilegiar las del primer mundo.
Las reiteradas declaraciones de la canciller a favor de la Alianza del Pacifico, e incluso del ALCA, adelantan la intención de ir desmantelando el Mercosur e ir transitando una política económica exterior hacia el libre comercio, que será nefasta para nuestra industria y nuestros asalariados. En poco tiempo se verán las consecuencias de estas decisiones, que serán muy negativas para nuestro país, y de difícil reversión en el futuro. El alineamiento incondicional con los Estados Unidos nos puede llevar a grandes concesiones para nuestros intereses soberanos. El debilitamiento o la ruptura de los lazos con los países de la región, que con tanto esfuerzo logramos y que tan buenos resultados nos dieran, producirá un gran perjuicio para nuestro pueblo.
En fin, Macri está haciendo los deberes.

* Director del Instituto de Estudios de América latina-CTA.

lunes, 8 de febrero de 2016

Qué implicaría la intención de Macri de firmar el TLC con la Unión Europea? Los riesgos por las asimetrías



TEMAS DE DEBATE: LAS CONSECUENCIAS DE UN ACUERDO MERCOSUR-UNION EUROPEA

Los riesgos de abrirle la puerta a Europa

El gobierno de Mauricio Macri busca acelerar las negociaciones con el Viejo Continente, proceso que ya lleva 20 años. Detrás de las supuestas ventajas del libre comercio se esconde una amenaza contra el incipiente desarrollo tecnológico local.

Producción: Javier Lewkowicz (Página/12)
debate@pagina12.com.ar

Nuevos caballos de Troya

Por Fernando Peirano *
Argentina apuesta por un rápido avance en las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, proceso que se inició hace más de 20 años. Seguramente, se volverá a escuchar desde los despachos oficiales las bondades del libre comercio. Y, muy probablemente, con igual énfasis, se omitirá todo debate sobre los riesgos que este acuerdo encierra para sostener la trayectoria tecnológica que Argentina ha logrado afianzar en estos últimos años.
Bajo el paraguas de la lucha contra la piratería, el acuerdo EU-Mercosur conlleva un conjunto de estrictas definiciones en favor de las patentes industriales y las marcas comerciales. Asimismo, busca imponer condiciones comunes para el licenciamiento de tecnologías y las compras públicas, limitando el menú de instrumento para promover la innovación. También fija definiciones y procedimientos que luego influyen sobre los alcances de los bienes culturales o sobre el reconocimiento de variedades vegetales (incluyendo semillas) y actúan como referencias para futuras regulaciones sobre internet y telecomunicaciones. Aspectos y elementos que tienen gran importancia pero que excepcionalmente ganan espacio en la agenda pública. Una excepción elocuente fue el proceso por el cual Brasil y Argentina decidieron resistir las presiones y no adoptar ni la norma estadounidense ni europea de la televisión digital terrestre. Por eso, cabe aplicar el principio de precaución frente a un paquete de normas que, sin duda, tienen su influencia directa sobre actividades y mercados en los que Argentina ha incursionado con éxito en los últimos años y que, eventualmente, puede restringir a una mínima expresión la capacidad del Estado para promover el desarrollo basado en la ciencia y en la tecnología nacional.
Un buen acuerdo debe garantizar que se puede continuar avanzando en la producción de satélites y radares y asegurar que la inversión realizada en la red de fibra óptica sirva para potenciar servicios con amplia participación de operadores nacionales. También debe partir de reconocer que logramos un lugar importante en el mundo de la tecnología nuclear, compitiendo frente a grandes empresas europeas a partir de la experiencia ganada en proyectos destinados a atender las necesidades nacionales.
La negociación con Europa no puede soslayar que ahora contamos con una renovada capacidad científica y tecnológica, muy superior a la existente dos décadas atrás. Esquemas muy estrictos sobre los nuevos resultados de investigación pueden impedir que pequeñas empresas o emprendedores los utilicen en nuevas aplicaciones industriales o que instituciones públicas o cooperativas los apliquen a resolver problemas sociales. Brasil y sus litigios con empresas trasnacionales a causa de la producción pública de medicamentos es un caso conocido y emblemático. En materia energética, se ha creado una empresa YPF tecnología para que la inversión petrolera también incremente la I+D nacional. Y de igual manera podría ocurrir en relación a los recursos eólicos, solares o provenientes de la biomasa. También, al repensar las economías regionales, se comenzó a delinear una estrategia para la industrialización del litio. Todas estas iniciativas pueden verse obstaculizadas por un acuerdo ajustado a los intereses de los países desarrollados.
La matriz productiva argentina también encierra sectores que pueden verse afectados por este aspecto del acuerdo. El ámbito de la biotecnología, donde se están multiplicando las nuevas empresas, puede ser uno de ellos. Otro caso lo encontramos en el sector farmacéutico. Y han surgido conglomerados de pymes que exportan maquinaria agrícola, equipamiento médico, bienes de capital y componentes electrónicos, todos ellos también muy dependientes de la evolución de las normas técnicas. De igual manera, se destacan las productoras de contenidos para publicidad, cine y televisión y la industria de videos juegos. Y con mucha mayor visibilidad y reconocimiento, existe un amplio conjunto de empresas de software que encontraron en leyes de promoción el contexto adecuado para desarrollarse y venderle al mundo.
Muchos países, como reflejo de sus necesidades inmediatas, ceden y corren detrás de la posibilidad de colocar algunos de sus productos o servicios en los mercados de las economías centrales. A cambio, resignan la producción local de manufacturas y cierran toda posibilidad de protagonizar el desarrollo de actividades basadas en el conocimiento. En otros casos, esta conducta no obedece a la necesidad sino a la opción por el dogma liberal. En ambos casos, los acuerdos de comercio e inversiones terminan operando como modernos “caballos de Troya” a las puertas de los países en desarrollo: bajo el ropaje de un benévolo presente se invita a convalidar las asimetrías existentes y dejar de lado todo intento por construir otro futuro.
* Economista y profesor en la Universidad Nacional de Quilmes y en la Universidad de Buenos Aires.

Recuperar el terreno perdido

Por Manuel Fitzpatrick *
El incremento sostenido de la participación de China en el comercio internacional de bienes durante el último cuarto de siglo dista de ser una cuestión novedosa. Como corolario de ese fenómeno, en la actualidad el gigante asiático es el primer exportador mundial y ocupa el segundo lugar como importador. Sudamérica experimentó en carne propia la irrupción china, lo cual se torna evidente al analizar las importaciones de manufacturas de la región (de intensidad tecnológica baja, media y alta) en las últimas dos décadas.
El crecimiento de las importaciones originarias de China tuvo como contracara una disminución muy relevante de la participación de Europa y de los Estados Unidos. Pero también, y especialmente a partir del estallido de la crisis internacional en 2008, se evidencia una caída –y en algunos casos, un estancamiento– de la participación de los propios países sudamericanos.
A modo de ejemplo, cabe señalar algunas tendencias generales.
–En el caso de las manufacturas de intensidad tecnológica baja el salto fue verdaderamente exponencial: China explica entre un cuarto y la mitad de las importaciones totales de los países de la región, tomando como referencia la participación promedio en el período 2009-2014; mientras entre 1998 y 2002 no superaba el 14 por ciento del total (con la excepción de Chile y Paraguay, donde ya alcanzaba el 23 por ciento).
–La participación china en las importaciones de manufacturas de intensidad tecnológica media alcanzó un rango del 11 al 21 por ciento en el período 20092014, al tiempo que explicaba entre el 1 y el 6 por ciento de las compras externas en el período 1998-2002.
–Respecto a las manufacturas de intensidad tecnológica alta, su participación aumentó pronunciadamente hasta convertirse en el primer proveedor regional –a partir de la crisis mundial–, desplazando de dicha posición a los Estados Unidos y a Europa en la mayoría de los países sudamericanos.
A partir de la asunción de la Administración Macrista se fijaron nuevas prioridades en la agenda de relacionamiento externo; entre ellas, el impulso a las negociaciones para la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, y el alineamiento del país a los Estados Unidos.
Estas iniciativas pueden ser de utilidad para que dichos socios comerciales recuperen parte del terreno perdido en manos chinas, y se garanticen un mejor posicionamiento no sólo en términos comerciales, sino también en otras materias relevantes (por caso, servicios, inversiones, compras públicas, patentes, indicaciones geográficas, etc.).
El cambio de orientación políticaeconómica propiciado por la nueva administración representa una verdadera oportunidad para el capital europeo y estadounidense. Sin embargo, lo que no resulta evidente en absoluto es qué tipo de beneficios podría tener nuestro país si como consecuencia de dichos “acuerdos” la industria nacional queda a merced de los designios del “mercado”.
En un marco de liberalización económica y comercial es esperable que se intensifique la pérdida de participación de las manufacturas argentinas en el mercado interno y regional, y se acentúe el perfil de especialización actual, que descansa en ventajas comparativas estáticas vinculadas a la explotación de recursos naturales o a su primera transformación. En este escenario, la mayor parte de la industria argentina –y en particular las pymes– sólo puede tener un rol de víctima, observando cómo las potencias mencionadas pugnan por su cuota del mercado.
La agenda en marcha parece avanzar en este camino, lo cual redundará en una reprimarización de la economía, y la validación y fortalecimiento del control del capital extranjero y de ciertos grupos económicos locales sobre la estructura productiva.
Esto no sólo es incompatible con la consigna electoralista de “pobreza cero”. Es el camino a una redistribución regresiva del ingreso y a una fuerte desarticulación del tejido productivo, con consecuencias sociales dramáticas.
Hay que tener en cuenta que sin una política industrial activa, orientada a la reducción de la dependencia tecnológica, la sustitución de importaciones, y la recomposición del tejido productivo, no es posible garantizar siquiera ciertos derechos básicos a toda la ciudadanía (como la vivienda, el trabajo, la educación, la salud, etc.).
En este sentido, el desafío es modificar el perfil de especialización, lo cual está vinculado, entre otras cuestiones, al fortalecimiento del proceso de reindustrialización experimentado en los últimos años que, a pesar de haber dejado en pie varios legados críticos del neoliberalismo, supuso un avance que no se debe desdeñar.
Renunciar o limitar varios de los instrumentos propios de la política comercial externa mediante la firma de nuevos tratados sería una dura derrota con consecuencias gravosas a mediano y largo plazo, dado que esto sólo puede dificultar (aún más) la posibilidad de construir un país industrializado.
* Grupo IDAR (Industria para el Desarrollo Argentino).

domingo, 7 de febrero de 2016

Malvinas y la vuelta a la (fracasada) estrategia de seducción de los isleños. Se abandona la presión latinoamericana y del G77+ China?

Diálogo. La reunión en Davos , de enero pasado, entre Mauricio Macri y el primer ministro Cameron habilitó un nuevo tratamiento en las negociaciones. Foto AFP

Las ideas que maneja el gobierno para las Malvinas

Deshielo entre Argentina y Gran Bretaña. Examina la posibilidad de que, en el futuro, se pueda volver a propuestas que circularon antes de la guerra de 1982, como el “retroarriendo”, con la transferencia de la soberanía de las islas a la Argentina y el alquiler simultáneo a Gran Bretaña.


Desde que asumió, el gobierno anunció un cambio de estrategia en el tratamiento del reclamo por la soberanía en las islas Malvinas. La estrategia también incluye un cambio en las formas. Consiste en bajar el tono de confrontación y dureza con el Reino Unido y poner en la agenda bilateral todos los temas de interés, entre ellos Malvinas, pero no únicamente Malvinas. La reunión del presidente Mauricio Macri y el primer ministro David Cameron en Davos, en enero pasado, habilitó ese cambio de perspectiva. El gobierno conducirá la negociación por Malvinas a través de una Subsecretaría del Atlántico Sur, que incluirá también la Antártida.
Medio siglo después de que la ONU en la resolución 2065 reconociera la existencia del conflicto e invitara a las partes a dirimirlo, la diplomacia argentina intentará un regreso a los orígenes de la negociación.
Entonces, entre 1966 y 1982, a través de reuniones bilaterales y propuestas mutuas, la posibilidad de acceder a la soberanía, aunque fuese con la firma de un entendimiento a largo plazo, parecía cercana para Argentina. Una de ellas fue el retroarriendo, o “lease-back”, un tratado propuesto por el Foreing Office en 1980 en el que cedía la soberanía de las islas a la Argentina pero las retendría “en alquiler” por una cantidad de años a estipular.
“Cuando nos sentemos a negociar la soberanía, esa puede ser una salida”, dice el nuevo embajador ante Naciones Unidas, Martín García Moritán, en entrevista a Clarín en la Cancillería. “Es una manera para que, gradualmente, la parte continental vaya asumiendo responsabilidades y obligaciones respecto a las islas y los habitantes, para que se vayan incorporando al territorio nacional en forma plena”.
García Moritán plantea recuperar el espíritu de cooperación con los isleños, como sucedió a partir de los Acuerdos de 1971. “Si los isleños conciben que el territorio que tienen enfrente los acoge con la misma simpatía como lo hace Chile o el Reino Unido, hoy es probable que por comodidad o necesidad se acerquen más seguido al continente. Podrían tener a Ushuaia como base de operaciones para viajar por el mundo o educar a sus hijos. Queremos restablecer la confianza y darle más contenido a la relación bilateral en todos los ámbitos de Naciones Unidas”.
El plan de la diplomacia local apunta a conquistar el corazón y la mente de los malvinenses, como se había intentado en la década del ‘70; aunque hoy, después de la guerra, parece una posibilidad dífícil: en el referéndum de marzo de 2013, los isleños votaron, por el 99,8 % ,continuar bajo administración británica. (Ver Pág. 36)
Aún con divergencias para una solución definitiva, después de la Resolución 2065, Argentina y el Reino Unido acordaron “medidas prácticas”, que fueron la base para los Acuerdos de Comunicaciones de 1971. Entonces, la Fuerza Aérea Argentina construyó el aeropuerto de Puerto Stanley (Puerto Argentino), los isleños atendían su salud en el Hospital Británico porteño, existían becas que les permitían estudiar en colegios de Buenos Aires y tenían un documento argentino que les eximía el trámite de migraciones.
En tres años alrededor de 1.600 personas, es decir, casi toda la población de Malvinas, fueron y vinieron de las islas al territorio continental.
“Queremos darle a los isleños, gradualmente, el mismo trato que puede tener un argentino del continente –agrega García Moritán-. Para que haya confianza mutua tiene que haber continuidad, que las políticas de Estado se perpetúen en el tiempo. Si todas esas acciones del año ’71 se hubieran mantenido, hoy la bandera argentina estaría en las islas”, concluye.
“El objetivo de aquellos acuerdos –dice el especialista en Malvinas y ex funcionario de la Cancillería, Guillermo García- era que, por “efecto derrame”, se contemplara compartir en el futuro ‘algunos aspectos de la soberanía’, en tanto no hubiera rechazo de los isleños, que eran representados por el gobierno británico. La ventaja política para el Reino Unido era que en los hechos, tomaba medidas concretas para el desarrollo económico de las islas con la colaboración de los argentinos. Y la ventaja para los argentinos fue que se consiguió algún deshielo en la relación con los isleños”, afirma García.
El corolario de los Acuerdos de 1971 fue la propuesta británica de ofrecer a la Argentina el condominio de las islas. Según la estimación del ya fallecido embajador Carlos Ortiz de Rozas, en una conferencia que realizó el 21 de junio de 2006 en la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, “la finalidad (del condominio) era resolver la disputa sobre la base de una soberanía compartida con la Argentina con la conclusión de un tratado que permitiese que los isleños se desarrollasen conforme a sus intereses”. Durante la vigencia del tratado conjunto habría presencia de banderas de ambos países, idioma oficial inglés/español y un sistema legal adaptado a las “necesidades del condominio”.
El historiador inglés, profesor Lawrence Freedman, autor de “The Official History of the Falklands Campaing”, la Historia Oficial de Malvinas que le encargó el gobierno británico, reveló que con el condominio Londres le reconocería a la Argentina de manera parcial los derechos de soberanía. El temor de los ingleses era que Argentina no fuese capaz de aceptar algo que no implicara la soberanía total.
La propuesta de condominio, entregada por la embajada británica en Buenos Aires a la Cancillería argentina el 11 de junio de 1974, aún con sus límites, encandiló al presidente Perón. Le pidió a su canciller Alberto Vignes que le diera curso: “Es muy conveniente. Hay que aceptarla. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y tiempo después tendremos la soberanía plena”. Perón murió 20 días después y “su viuda, que lo sucedió en la Presidencia, no creyó tener el poder suficiente para convencer a la opinión pública de que debía aceptar dicho ofrecimiento. Ante esa circunstancia el gobierno británico decidió retirarlo”, según reveló Ortiz de Rozas en la citada conferencia.
El ex embajador en Londres, Vicente Berasategui considera que tanto la propuesta del condominio de 1974 como la de retroarriendo (“lease-back”) de 1980, o la de 1982, en plena guerra, que se narra aparte (Ver “Donde hay...) fueron algunas de las oportunidades malogradas. La del ex canciller Guido Di Tella, que regaló los ositos de felpa Winnie the Pooh a los isleños como parte de una política de seducción, en cambio, no obtuvo resultados.
“Hoy estamos lejos de aproximarnos a una solución de la cuestión y es necesario superar la situación de deterioro en las relaciones bilaterales a las que nos llevó una política equivocada de inútiles presiones. Es necesario abandonar una posición de dureza. Lo más aconsejable es recurrir a la persuasión y no a un choque permanente”, afirma Berasategui en entrevista con Clarín.
El ex embajador Carlos Pérez Llana también menciona las oportunidades que se perdieron por las políticas erráticas y cambiantes. “El camino diplomático debe basarse en una estrategia y en un diagnóstico de fuerzas y debilidades. Decididamente hace falta tiempo, ingenio y talento. Pero nada será para mañana. Tal vez el nuevo eje estratégico debería pasar por el “soft power”: mantener nuestro capital de aliados en el sistema multilateral y de convencer básicamente en Londres, una ciudad donde el 40%  de sus habitantes, que pagan impuestos, no nacieron en Gran Bretaña”.
El ex embajador apunta el nuevo escenario que produciría la perspectiva de un divorcio de Gran Bretaña de la Unión Europea (“Brexit”), que se decidirá por referéndum a mitad de este año. “Si se produjera la salida, Gran Bretaña quedará devaluada estratégicamente en el mundo. Sus apoyos se debilitarán. Esto lo sabe la City londinense que impulsa el voto pro-Europa. Otro dato insoslayable: con este precio del petróleo la autonomía financiera de las Malvinas no está a la vista”, afirma Pérez Llana.
El reclamo por los derechos soberanos de las islas, con otras modalidades de negociación, pero con la misma determinación, podrá traer resultados en las próximas décadas. Como admite Lawrence Freedman en la Historia Oficial, “en lo referente a las Falklands (Malvinas), la ley ha importado menos que el poder y la determinación cuando se trata de decidir sobre la pertenencia”.

“Macri les entregó todo a los buitres con la propuesta de pago del equipo económico”


SEBASTIAN SOLER, ABOGADO ESPECIALISTA EN DERECHO FINANCIERO

“Ceder así es mal antecedente”

En opinión del experto, el Gobierno aceleró la negociación ante el fracaso del programa financiero, ya que esperaba capitales del exterior que no llegaron, y ante la necesidad de crear un puente hasta la liquidación de la próxima cosecha.

Por Federico Kucher (Página/12)

“Macri les entregó todo a los buitres con la propuesta de pago del equipo económico.” Lo dijo Sebastián Soler, un prestigioso abogado especializado en derecho financiero, que compartió horas de estudio con Barack Obama en las aulas de Harvard y se desempeñó como asesor del Banco Central. En diálogo con Página/12, afirmó que la quita ofrecida por los funcionarios argentinos es insignificante y que el Gobierno se vio obligado a acelerar el arreglo con los fondos buitre por el fracaso de su plan financiero, en donde no ingresó la catarata de dólares de inversión extranjera que esperaba ni se pudo emitir nueva deuda en el mercado local. Aseguró que se busca acordar a cualquier costo para hacer un puente de endeudamiento con el mundo, hasta que ingresen en abril los dólares de la liquidación de la cosecha gruesa. Mencionó que ceder ahora ante las presiones de los buitres es un mal antecedente para los países que, en el futuro cercano, atravesarán disputas judiciales similares a la de la Argentina.

–¿La propuesta de pago defiende los intereses de la Argentina?

–Macri esta concretando una de sus promesas de campaña. Dijo que llegado el caso le iba a pagar a los fondos buitres lo que reclamaban porque había una sentencia de por medio que lo dictaminaba. Con una quita del 25 por ciento como la presentada esta semana, se puede afirmar que Cambiemos esta bastante cerca de cumplir el fallo en las condiciones impuestas por el juez Griesa. Lo que no se está respetando es otra de las promesas, en la cual se reiteró que había disposición al diálogo pero negociando siempre en forma dura. La propuesta de pago del equipo económico es una concesión absoluta.

–¿Cuál es el incentivo de hacer un acuerdo tan rápido con poca quita?

–Los tiempos de la negociación se aceleraron porque es necesario un acuerdo para cubrir el fracaso del plan financiero. No hubo una lluvia de inversiones extranjeras directas, lo que el ministro Prat-Gay había prometido cuando decidió abrir los controles al dólar. Este ingreso de capitales nunca se produjo, a pesar de que se subió la tasa de interés y se liberaron los encajes para el ingreso de fondos golondrinas, entre otras medidas de promoción a la entrada de divisas. Ni siquiera llegaron inversores bursátiles, puesto que el MerVal se encuentra varios puntos debajo de los niveles alcanzados en diciembre. Y las reservas internacionales, cuando se le descuenta el maquillaje del préstamo de corto plazo y alta tasa de interés negociado con los bancos extranjeros, tampoco tuvo un salto sino que se ubica en un volumen similar al de hace dos meses. La alternativa de buscar financiamiento local tampoco dio resultado. En enero, el Gobierno intentó colocar bonos 2020 por 5000 millones de dólares y la licitación quedó desierta, es decir que no hubo ni un inversor interesado en comprar la deuda argentina. Ante los reiterados fracasos, no quedó otra posibilidad que acelerar la negociación con los fondos buitre para cerrarla cuanto antes y al precio que sea, para poder financiarse en dólares con el mundo, en un contexto global en el que los países emergentes tienen cada vez más dificultades para conseguir créditos a tasas bajas. La realidad es que el único trimestre con buen ingreso de divisas para el país es el segundo, por la liquidación de cosecha gruesa, y por lo tanto la idea de arreglar con los buitres es hacer un puente hasta abril.

–¿Puede haber complicaciones para cerrar el acuerdo con los buitres?

–Es posible que haya tensión. Para empezar, ni este gobierno ni ningún otro debería aceptar un arreglo en el que no firmen todos los acreedores que no ingresaron al canje de deuda. El requisito número uno, no importa cuál es la quita que se haya ofrecido, es que firmen todos los tenedores de bonos. Porque, de otra forma, siempre está el riesgo latente y que puede darse en cualquier momento, de que vuelva a ocurrir lo que pasó con Griesa. Lo que veo difícil es que el juez de Nueva York se decida a levantar la cautelar (reponer la medida de stay) si el número de bonistas no reestructurados que acepten la propuesta no es muy significativo. De todas maneras, es importante repetir que lo que esta ofreciendo la Argentina es una concesión total para los buitres. Esto es lo que explica la postura del mediador Daniel Pollack de salir a felicitar a Macri y el visto bueno dado por organismos internacionales de crédito como el Fondo Monetario.

–¿Qué antecedente dejaría este arreglo para países que deben renegociar deuda?

–Ceder ahora ante las pretensiones de los fondos buitre es un antecedente negativo para el resto de las economías. Es un mundo en el que, lo que le paso a nuestro país, va a volver a ocurrir. Algún deudor, si no es este año será el próximo, va a estar en la misma situación que nosotros, con cláusulas en sus bonos que habiliten a fondos especulativos a intentar conseguir ganancias exorbitantes a través del litigio. La estrategia de resistir que llevó adelante el gobierno anterior era lo que correspondía, lo justo, y en algún momento iba a permitir llegar a un acuerdo infinitamente mejor al que se planteó ahora. Los buitres en el último año y medio, desde el fallo de Griesa, no cobraron ni un dólar y la Argentina no padeció ninguna consecuencia explosiva. Incluso pudo encontrar vías alternativas de financiamiento (como los préstamos de China y las inversiones de Rusia) en un contexto en el que la inflación era más baja de lo que es ahora y el crecimiento, si bien no era todo lo que se esperaba, estaba por arriba del actual. El cambio ocurrido en los últimos años enfrentando a los fondos buitres fue algo anormal para las finanzas globales. Lo que hace Macri ahora es volver a la normalidad.